Paga Obama el costo político de la afectación de intereses
Escrito por José Antonio Meyer RodrÃguez
La llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos se interpretó en su momento como una gran oportunidad para reconciliar al país, luego de ocho años de simulación política y déficit financiero para asegurar una supuesta seguridad ante las amenazas constantes del exterior. Sin embargo, el mismo Presidente ha reconocido su insatisfacción por no poder avanzar en ese sentido e incluso haber retrocedido en algunos aspectos.
El número de estadounidenses que creen equivocadamente que Obama es musulmán ha crecido hasta un 18 por ciento desde que tomó posesión. Asimismo, se han extendido las afirmaciones de que no nació en el territorio estadounidense y que sus reformas no corresponden con las necesidades e intereses de la sociedad estadounidenses.
De esta manera, el hombre que se distinguió por su gran capacidad para comunicar y cautivar a muchos grupos sociales con una propuesta política de cambio y esperanza durante el proceso electoral de 2008, es hoy enormemente incapaz de comunicar a la compleja diversidad social estadounidense sus decisiones y labor como Presidente.
Ante la ineficacia y debilidad en la comunicación del gobierno de Obama, la contraofensiva de los sectores más radicales de la derecha y sus aliados de los medios de comunicación se ha hecho cada vez más presente para polarizar a una sociedad ansiosa, ahondar más en la incertidumbre y favorecer la decepción por la falta de políticas públicas que reviertan la compleja realidad económica del país.
En ese sentido, a falta de una estrategia de comunicación inteligente y la carencia de operadores con capacidad para el debate político, algunos comentaristas de las televisoras y columnistas de los diarios e Internet se han convertido en los principales opositores a las iniciativas del Presidente.
Uno de los más destacados es Glenn Beck, comentarista de la cadena Fox News, quien ha actuado como el gran protagonista en la mayor demostración de fuerza del movimiento de extrema derecha conocido como Tea Party. En la última embestida, Obama, ha sido criticado por haber respaldado la construcción de una mezquita en New York, a tres cuadras de la zona cero, pese a una oposición social del más del 60 por ciento.
De igual forma, ha sido cuestionado por haberse sumado a los grupos que solicitaron al pastor Terry Jones que renunciara a su espectáculo de quema del Corán. Tanta ha sido la presión que Obama se ha visto obligado a reiterar en sus intervenciones públicas que su religión es el cristianismo, que defiende el derecho de los musulmanes a construir la mezquita -templo religioso dentro de un gran centro cultural- porque las leyes del país así lo permiten y no porque comparta esas ideas o proyectos en particular. Asimismo, que la quema del Corán incidirá grandemente en la polarización mundial y el activismo de los grupos más radicales del Islam.
Pero, ¿por qué Obama se transformó de un político inspirador de la esperanza nacional en un Presidente continuamente acusado por no saber comunicarse con su país y mantener una irritante distancia con los grupos sociales que hasta hace poco lo admiraban?. Para nadie es desconocido que el Presidente y su equipo han cometido errores y mostrado algunas inconsistencias. Sin embargo, ella no es razón suficiente para que en un breve lapso su administración sea cuestionada de manera tan radical y pongan en duda todas sus iniciativas. Por ello, la razón debe buscarse en la insatisfacción de expectativas y el profundo malestar social por el estancamiento económico. Esto a pesar de los esfuerzos de la administración por revertirlo.
La gente busca responsabilizar a Obama de no saber superar la catástrofe financiera heredada, sin considerar que muchas de sus acciones han evitado un colapso económico todavía mayor. Lo único que perciben es que no consiguen trabajo, que hay una incertidumbre social generalizada y que su futuro es poco alentador.
En tal forma, en una encuesta de la CBS se revela que solo 13 por ciento de los estadounidenses creen que los programas económicos de Obama les han ayudado mientras un 63 opina que no han tenido efecto alguno.
Estas percepciones negativas sobre Obama que han sido potenciadas por campañas constantes de sus adversarios políticos, se deben fundamentalmente a que ha tocado muchos y muy poderosos intereses y afectado el establishment de muchos años. Las reformas prometidas durante el proceso electoral solo fueron cuestionadas hasta que las llevó a cabo, por lo que los afectados se han movilizado de distintas maneras para impedir a toda costa que esos cambios se materialicen.
En ese sentido, si gobernar el país que heredó de George Bush era un reto difícil para Obama con el legado de reacciones ante los cambios que él mismo ha llevado a cabo será aun más difícil. En la actualidad los medios de comunicación parecen ensañarse contra Obama y no pierden oportunidad para difundir cualquier tipo de cuestionamiento.
Es el caso del arzobispo sudafricano Desmond Tutu, quien recientemente publicó un artículo criticando ferozmente al Presidente porque el gobierno estadounidense redujo los fondos para la lucha contra el sida en África. Asimismo, The Washington Post informó que la Cámara de Comercio gasta tres millones de dólares por semana para revertir las iniciativas del Presidente.
También el movimiento laboral estadounidense afirmó que Obama no hace lo que ellos quieren y las élites de Wall Street se sienten marginados porque Obama ya no asiste a sus fiestas y se mantiene a una justa distancia.
Algunos de los donantes de las campañas políticas se quejan de que Obama no solo les ha negado cargos de influencia en su gobierno, sino que además ya ni siquiera los invita a las recepciones y cenas en la Casa Blanca.
Los militares también están molestos porque por primera vez sufren fuertes recortes presupuestarios. Mientras tanto los ecologistas están furiosos porque Obama no apoya sus exigencias con leyes más restrictivas. A la industria petrolera le ha impuesto severas regulaciones ambientales, al tiempo que el lobby judío se queja porque Obama presiona al gobierno israelí para que haga concesiones a los palestinos. Las industrias farmacéutica y hospitalaria no le perdonan la reforma al sistema de salud, mientras los bancos siguen indignados con las nuevas reglas. Ello sin olvidar a los 12 millones de inmigrantes indocumentados que esperan ansiosos la reforma a las regulaciones migratorias.
En ese contexto, están las elecciones del 2 de noviembre del presente año donde se decide un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes y 28 gubernaturas estatales. En ellas, como se ha insistido, las intenciones de voto parecen indicar que el Partido Demócrata perderá la mayoría que ha tenido en la Cámara baja y que mantendrá un precario dominio en el Senado. Hasta este momento e Partido Demócrata ha sido capaz de transmitir una imagen de eficacia de la administración en el Congreso.
Dividido entre numerosas tendencias, a veces irreconciliables, pendientes de intereses particulares con frecuencia contrapuestos a los de Obama, ellos no han sido el soporte que el Presidente necesitaba a pesar de su amplia mayoría. A su descrédito ha contribuido una oposición Republicana más experimentada que apostó desde el inicio por una estrategia obstruccionista de la que no se han librado. Por ello, algunos nombramientos de cargos todavía están pendientes de confirmación parlamentaria. *
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Obama, de la esperanza desbordante a laincomprensión generalizada
Escrito por José Antonio Meyer RodrÃguez
En una búsqueda obligada por reafirmar su legitimidad política y garantizar que la mayoría Demócrata se mantenga en el congreso federal y pueda continuar con las reformas ofertadas durante la campaña electoral, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, realiza giras por distintos Estados del país para recaudar fondos y hacer campaña en favor de diversos candidatos de su partido que participarán este mes de agosto en las elecciones primarias de nominación.
En ellas, como es sabido, se decidirá quién participará oficialmente en las elecciones del próximo noviembre para renovar las 435 curules de la Cámara de Representantes y 37 de las 100 que integran el Senado federal, además de elegirse 34 de los 50 gubernaturas del país. A diez semanas de la elección oficial, la mayoría de las encuestas locales y nacionales manifiestan una tendencia positiva hacia los candidatos Republicanos, al tiempo que la popularidad del Presidente Obama se ubica en su índice histórico más bajo.
Por ello, algunos candidatos tratan de distanciarse coyunturalmente del Presidente y de esa manera ganar algunos votos entre los Demócratas decepcionados y los electores indecisos.
Obama ha visitado los Estados de Washington, California y Wisconsin, los cuales fueron importantes en las pasadas elecciones presidenciales de 2008. Sin embargo, a dos años de esa elección las encuestas demuestran que la confianza popular se ha alejado del Partido Demócrata dada la lenta recuperación económica del país, la polémica reforma sanitaria, la ley financiera, la catástrofe ecológica en el Golfo de México y el retraso en la definición de una reforma migratoria.
Según un reporte reciente de la encuestadora Rasmussen, los candidatos Republicanos aventajan por 12 puntos a los Demócratas en una intensión de voto del 48 al 36 por ciento. En efecto, en un sondeo de la compañía Survey USA la aspirante Republicana al Senado por el Estado de California, Carly Fiorina, ex alta ejecutiva de Hewlett-Packard (1999-2005) y antigua vicepresidente ejecutiva de AT&T, supera a la Demócrata Bárbara Boxer, quien ocupa ese escaño desde 1993, por un 5 por ciento en las intenciones de voto.
En Ohio, el Gobernador Demócrata Edward Strickland está abajo en las tendencias por casi nueve puntos de diferencia para una eventual reelección frente al Republicano John Kasich, ex Presidente del Comité de Presupuesto en la Cámara de Representantes donde se destacó como un recio conservador en materia fiscal. Es también un conocido conductor y ejecutivo de la cadena de televisión Fox News.
El Presidente Obama enfrenta también las reticencias de varios candidatos Demócratas que, en una búsqueda desesperada por ganar votos, guardan justa distancia de un mandatario que pierde rápidamente niveles de popularidad.
En ese sentido, algunos candidatos de gran afinidad anterior perciben que la cercanía con el Presidente puede resultar negativa en sus aspiraciones. Tal es el caso del líder de la mayoría Demócrata en el Senado, Harry Reid, quien este año busca su cuarta reelección por el Estado de Nevada.
Según la última encuesta de Rasmussen, Reid está actualmente empatado con su contrincante Sharon Angle, una de las candidatas Republicanas auspiciadas por el movimiento ultraconservador conocido como Tea Party. Cuando Obama defendió la semana pasada el derecho de una organización musulmana a construir una mezquita cerca de la zona cero de Nueva York, Reid rápidamente se desmarcó argumentando -como también lo hicieron muchos Republicanos conservadores como Sarah Palin y Rudolph Giuliani- que aunque constitucionalmente se puede construir una mezquita en el territorio ?el sentido común lo desaconseja?.
Los asesores de Obama han reconocido que en la polémica de la mezquita privó más una convicción personal del Presidente que una prospectiva política, por lo que sus declaraciones pudieran tener graves consecuencias para los miembros de su partido que compiten para las elecciones de noviembre.
Según la encuestadora Gallup, actualmente solo un 42 por ciento de los votantes aprueba la gestión de Obama y un 51 por ciento la desaprueba. Asimismo, a un año y medio de su toma de posesión (enero de 2009), cuando disfrutaba de una popularidad del 67 por ciento, Obama se ha visto obligado a explicarle reiteradamente a la nación qué es lo que su administración está haciendo y cómo va a lograr mejorar el bienestar social perdido.
También las dudas sobre la capacidad de gestión del Presidente en el seno del partido Demócrata han resultado, en algunos casos, bastante extremas. Es el caso del candidato por Indiana, Joe Donnelly, quien en su afán de reelegirse como Representante ha publicado un anuncio con imágenes de Obama en el que asegura: "No trabajo para él". Ante casos como este, el Presidente del partido y ex gobernador de Virginia, Tim Kaine, ha declarado que muchos ?Demócratas tienen miedo de reconocer lo que son y equivocadamente reniegan de sus líderes?.
Estos acontecimientos demuestran que la unidad en el Partido Demócrata, que permitió el importante resultado en las elecciones federales de 2008, se ha fracturado una vez más.
Este hecho debilita al Presidente, sobre todo porque permite el resurgimiento de grupos tradicionales opositores al liberalismo radical de su administración y agudiza la resistencia de varios legisladores hacia una reforma más a fondo de la economía estadounidense. De igual forma, los movimientos ultraconservadores en el Partido Republicano avanzan rápidamente y obtienen mayor influencia con miras a las elecciones de 2012. Ello ha quedado de manifiesto en distintas jornadas de nominación para las elecciones de noviembre, donde los electores del Estado de Colorado ?por ejemplo- si bien le otorgaron la victoria a Michael Bennet, un aspirante al Senado apoyado por la Casa Blanca, también favorecieron a Ken Buck, un candidato afín al movimiento del Tea Party. Michael Bennet consiguió la nominación sobre su competidor, el ex presidente de la Cámara de Representantes estatal Andrew Romanoff, por una diferencia de ocho puntos porcentuales.
Obama participó en una intensa campaña en su favor, convirtiendo la contienda en un asunto casi personal. Fue también él quien en su momento le abrió la puerta del Senado para ocupar en 2009 la curul de Ken Salazar, al asumir este último el cargo de Secretario del Interior. El ex Presidente Bill Clinton apoyó el voto Demócrata en favor de Romanoff, no sólo por su destacada participación en favor de su esposa Hillary en las primarias presidenciales de 2008 sino también como una forma de balancear el poder Demócrata en el congreso federal.
Ken Buck, por su parte, aunque es un desconocido en Washington en su condado es ampliamente reconocido por su trabajo de fiscal. Él superó a Jane Norton, un activo importante del Partido Republicano que fue vicegobernadora del Estado entre 2003 y 200. Al celebrar su victoria, Buck utilizó el discurso que define al Tea Party: "Vamos a ofrecer nuestra cooperación a aquellos votantes independientes y Demócratas que también están hartos de Washington".
Buck es el tercer candidato del Tea Party nominado para las elecciones de noviembre, tras las victorias de Sharron Angle para el Senado por el Estado de Nevada y Rand Paul para el mismo cargo en el Estado de Kentucky. Otro de las candidatas de ese movimiento conservador, la ex secretaria del Estado de Georgia, Karen Handel, perdió en una elección ajustadísima la nominación Republicana para Gobernador ante el Representante Federal Republicano Nathan Deal. Ella había recibido el total apoyo de la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quien se ha destacado como una de las líderes más importantes del Tea Party. Otros dos baluartes de ese movimiento, el ex candidato presidencial Mike Huckabee y el ex Presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, apoyaron al vencedor final de la contienda en Georgia, Nathan Deal, con lo que la sinergia se fortaleció.
En Connecticut, otra desconocida para la clase política dirigente apoyada por el Tea Party logró la nominación del Partido Republicano para el Senado federal. Se trata de la empresaria y ex ejecutiva de la agrupación de lucha libre World Wrestling Entertainment, Linda McMahon, quien logró la candidatura para enfrentar al actual Fiscal General del Estado, el Demócrata Richard Blumental. Connecticut es un bastión histórico del Partido Demócrata que luego de muchos años puede cambiar de orientación.
De esta manera, al igual que sucedió con el Presidente George W. Bush en su momento, el contexto económico y social actúa en contra de la administración Obama y parece presagiar una dolorosa derrota frente a los grupos más conservadores con miras a la eventual reelección en el año 2012.





Posteriormente, el 21 de marzo de 2006 sorprendió al Presidente George W. Bush y sus colegas con la siguiente aseveración: ?Me gustaría preguntarle a usted, señor Presidente, sobre su decisión de invadir Iraq, hecho que ha causado la muerte de miles de estadounidenses e iraquíes y profundas heridas en muchas personas para toda la vida. Cada una de las razones, al menos las conocidas públicamente, han resultado no ser ciertas. Por ello, mi pregunta es: ¿Por qué usted realmente deseaba ir a la guerra?. ¿Cuál fue su verdadera razón?. 