Lunes 20 de Mayo del 2013

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Crisis económica e incapacidad política en Estados Unidos contribuyen a una recesión mundial

Pese al acuerdo político del pasado fin de semana, Estados Unidos se mantiene en una situación crítica y su enorme vulnerabilidad económico-financiera amenaza con desbordarse y arrastrar al sistema financiero a una crisis de magnitudes mundiales. Y aunque Republicanos y Demócratas siempre dijeron estar conscientes de la trascendencia de este momento, sus diferencias políticas pusieron al país en riesgo de una nueva recesión.  Por ello, el Presidente Obama ha dicho que “esta es una crisis achacable a la incapacidad de la clase política de Estados Unidos por asumir compromisos y poner los intereses del país sobre los individuales o de partido”.

Los intentos de solución siempre fueron de muy pocas perspectivas ante la imposibilidad de acuerdos. El Presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, cedió a la presión del Tea Party y propuso un ligero aumento en el techo de deuda hasta final de año. Sin embargo, incluyó la exigencia de una enmienda constitucional para prohibir los presupuestos deficitarios. Esta gigantesca concesión de la extrema derecha fue rechazada por  la Casa Blanca y los Demócratas en el Senado por 18 votos de diferencia.

Los Demócratas, por su parte, tampoco ofrecieron una alternativa viable. El líder Demócrata en el Senado, Harry Reid, anunció una ley que recortaría una importante cantidad del gasto público similar al proyecto de Boehner -más de un billón de dólares de las guerras de Irak y Afganistán (ya de por sí descontado)- y elevaba el techo de deuda hasta finales de 2012. Sin embargo, su propuesta no encontró el respaldo de los senadores Republicanos.

La solución del pasado fin de semana fue entonces un necesario pacto bipartidista, donde se extendió el techo de deuda hasta después de las elecciones a cambio de un mayor recorte del déficit sin elevar los impuestos. En tal acuerdo, los Demócratas hicieron muchas concesiones y seguramente perderán el apoyo de los grupos de izquierda para las próximas elecciones federales. Los Republicanos, a su vez, acataron las presiones del Tea Party, lo que fortalece su postura frente a las elecciones federales de 2012.

En efecto, para diversos analistas el acuerdo entre Obama y el sector más conservador del Partido Republicano ha permitido que cualquier mención relacionada con el fin de las exenciones fiscales favorecedoras desde 2004 de las poderosas corporaciones y más ricos del país quede prácticamente intocable. Asimismo, que el enojo de muchos ciudadanos contra el poder político que durante 25 años ha sido incapaz de resolver el apremiante problema de la deuda (14.3 billones de dólares), sea capitalizado por este grupo que se fortalece cada vez más. En ese sentido, si bien el principio de acuerdo alcanzado permitirá que Estados Unidos escape de la amenaza de la moratoria y consiga la dosis de certidumbre y tranquilidad para sortear el problema de su abultado déficit en el corto plazo, no está muy claro que el acuerdo construido a marchas forzadas le permita conseguir esa tranquilidad de largo plazo que sus ciudadanos reclaman.

Por otra parte, durante este proceso Boehner perdió la fuerza que requería para conducir a un grupo de gran activismo ideológico, mientras Reid agotó su debilitado apoyo político como para liderar a su partido hacia una propuesta relevante. Por ello, los puestos de ambos van a estar seriamente en entredicho en los próximos tiempos. En cuanto al Presidente Obama, su posición es ahora más difícil que al inicio del proceso porque mostró su poca capacidad de negociación política y con su discurso de auto exculpación  no dejó nada satisfecho a un sector importante del público estadounidense que aumenta su incertidumbre y reduce su desconfianza. Él trató de soslayar en su momento la responsabilidad única del congreso, pero sus críticos siempre enfatizaron la tibieza de su administración para sacar adelante un acuerdo satisfactorio y la falta de operadores eficientes en el congreso.

En tal forma, para muchos especialistas Washington ha ofrecido a la nación y el mundo un espectáculo patético que afecta decisivamente la imagen de un Presidente, cuya popularidad ha alcanzado -según Gallup- el mínimo histórico del 40%.

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Reflexiones sobre desarrollo cultural e identidad en Puebla

El gobernador electo Rafael Moreno Valle ha planteado la posibilidad de que la Secretaría de Cultura, que ha permanecido por más de cinco administraciones como rectora de las políticas culturales en la entidad, sea incorporada con sus recursos y programas a una renovada Secretaría de Educación Pública.

Ello implicaría, en caso de consumarse, la creación de un Consejo Estatal para la Cultura y las Arte dirigido por un Secretario Técnico supeditado a alguna subsecretaría. Por supuesto que los creadores, promotores y administradores e investigadores del sector han manifestado su pleno rechazo a la eventual decisión, toda vez que durante años esa dependencia ha aplicado una política subsidiaria más preocupada por la producción que por la demanda.

Por ello, más allá de la coyuntura, es buen momento para que el sector cultural poblano reconozca que en el mundo de hoy el estado ha abandonado los modelos asistencialistas para sustituirlos por iniciativas más horizontales y de fomento que buscan revitalizar las propuestas artísticas y culturales, ponderar la calidad técnica, la sustentabilidad productiva y la trascendencia social.

De igual forma, que desde hace dos décadas en Europa y América Latina se avanza hacia la profesionalización e integralidad de los procesos de creación-promoción-administración para incorporarlos más decididamente a las políticas de desarrollo.

Es evidente entonces que, muy por encima de cualquier resolución, de lo que se trata en este momento es que la dependencia asuma una nueva visión de la cultura y que cuente con todas las condiciones para incorporar las creaciones, proyectos y revitalizaciones culturales a las principales dinámicas del desarrollo regional y nacional.

Entender que en el mundo actual los procesos culturales no son simples custodios del pasado, sino nuevos componentes de interacción, diálogo e inclusión que fusionan con sentido simbólico la herencia histórica y la multiculturalidad de una comunidad en evolución permanente.

En ese contexto, Puebla necesita desarrollar una verdadera educación artística, resignificar el valor cultural de la región e incrementar la formación cívica-democrática de la población, como grandes prioridades de una política del desarrollo humano.

De igual forma, deben estudiarse seriamente las prácticas culturales de los distintos grupos sociales y aprovecharse con inteligencia y creatividad la actual infraestructura cultural. En caso contrario, difícilmente podrán proponerse para el futuro nuevas formas de sociabilidad, convivencia e intercambio cultural de largo plazo.  

Las ciudades de hoy ya no pueden ser entendidas como territorios con arquitectura y patrimonio edificado, vías de comunicación, instituciones, servicios, centros comerciales, espacios de esparcimiento y grandes concentraciones urbanas, sino como espacios simbólicos donde convergen nuevas identidades y expresan pensamientos, creencias, costumbres, tradiciones, hábitos y formas de vida de comunidades diversas que comparten herencias divergentes pero que demandan proyectos comunes de futuro.

En ese sentido, es necesario reconocer los usos, representaciones, imaginarios, apropiaciones y prácticas que los diferentes grupos sociales realizan de los productos y servicios culturales propios y ajenos pero, sobre todo, asumir la importancia de los consumos simbólicos de la globalidad, la manera como ellos incorporan los diferentes productos mediáticos a la cotidianidad y como la interacción mediante las innovaciones tecnológicas crea una recomposición de los espacios públicos para convertirlos en lugares donde se expresan los elementos distintivos de nuevas culturas urbanas.

Actualmente Puebla –como muchas de las entidades de México-, manifiesta una evidente rearticulación social y una diversificación de sus estructuras histórico-culturales debido, entre otros aspectos, a que los procesos de globalización, liberación económica y modernización tecnológica –en el marco de un acelerado crecimiento urbano incentivado por la migración y la movilidad constante de la población- han alterado los escenarios tradicionales y generado fenómenos de gran complejidad, donde proliferan mercados culturales de distinta significación y lógicas de consumo determinadas por espacios cada vez más virtuales y menos físicos.

De esta manera, la gran segmentación de usuarios, públicos y audiencias presente hoy en los distintos territorios culturales de la entidad manifiesta una tendencia cada vez más orientada hacia el consumo de medios de comunicación y de interacción con las nuevas tecnologías en el ámbito privado y doméstico, haciendo decrecer el interés por la preservación y desarrollo de museos y sitios históricos, la reproducción por los festejos cívicos y rituales religioso-tradicionales o las bellas artes.

Ante este panorama, la sociedad poblana reclama de las autoridades, promotores, creadores, investigadores y especialistas una nueva interpretación de lo que significan actualmente las identidades, así como una manera distinta de conceptualizar las políticas culturales, tanto en las zonas urbanas como en las micro regiones de la entidad, ante la intensa transformación de los mecanismos de consumo y apropiación cultural de una población diversificada que reconfigura permanentemente el uso de los espacios públicos.

Este hecho no es nuevo y mucho menos catastrófico, ya que desde hace más de medio siglo los intercambios culturales en el mundo ocurren más en las industrias de la comunicación que en las bellas artes, la cultura tradicional o las estructuras académicas convencionales.

Asimismo, el incremento en los años más recientes de exposiciones artísticas y traducciones literarias bajo criterios de mercadotecnia y difusión masiva, los usos del patrimonio histórico en el turismo y la circulación de músicas étnicas o nacionales, contribuyen a reproducir y renovar los imaginarios sociales en muchas ciudades del mundo.

Son precisamente esas transformaciones ocurridas en las últimas décadas las que han permitido que a partir de la propuesta, competencia, alianzas y convergencias de las empresas de telecomunicación global (televisión, telefonía, redes y computación), se operen hoy nuevos fenómenos de hibridación y desterritorialización en casi todos los ámbitos de la vida social contemporánea.

Ello ha generado también la recomposición de las identidades a nivel universal, donde lo diverso se confronta con lo homogéneo y lo local complementa con lo global.

En tal dimensión, la reflexión teórica permanente, la investigación de las diferencias, los encuentros y acuerdos constituyen elementos determinantes para la reformulación y orientación de políticas culturales en Puebla para que de esa forma respondan en forma más sustantiva a las necesidades de una sociedad cada vez más abierta, plural y diversa pero, sobre todo, mayormente involucrada con los valores y prácticas de la ciudadanía democrática.

Ello implica que la tradición centrada en los creadores que ha imperado durante décadas en el quehacer cultural del gobierno, se transforme para considerar al público como su referente principal.

En igual forma, que la acción difusionista de los agentes culturales tradicionales reconozcan la necesidad de una nueva estructura de circulación cultural con mayor dimensión nacional e internacional e impacto social.

El modelo de gestión cultural persistente durante el siglo pasado carece hoy de una mirada histórica prospectiva, por su desarticulación con los fenómenos contemporáneos y la relativa inmutabilidad en que se encuentra inmerso el sector cultural de Puebla frente a cambios que es preciso operar en el funcionamiento y contenido de su actividad.

En esa perspectiva, mientras la demanda de bienes relacionados con la difusión artística se mantiene inelástica se expande la oferta de un mercado intermedio y de medios electrónicos que deja el superado concepto de la identidad territorial patrimonial y las culturas populares como un componente nostálgico del pasado.

Las razones que explican ese fuerte desequilibrio son muchas y de diversa índole, pero es innegable que están estrechamente relacionadas con los conceptos sobre desarrollo e identidad cultural que sostienen en su quehacer los agentes responsables en las diferentes instituciones y casas de cultura de la entidad.

Por lo anterior se hace necesario, primero, provocar análisis que reflexionen sobre los fenómenos de remodelación y uso de los espacios públicos, la dimensión cultural de la vida pública y los dispositivos que se pierden y recrean en el reconocimiento o proscripción de las voces múltiples de una sociedad poblana renovada.

Segundo, asumir un compromiso para delimitar nuevos conceptos sobre la cultura y la política, la ciudad y sus expresiones, el consumo y la cultura, los cuales permitirán una reinterpretación, asimilación y gestión de las políticas culturales en forma más flexible y en un entorno- que si bien reconozca las herencias del pasado-  también se incorporen a los flujos informativos determinantes y aquellos que verdaderamente inciden en procesos, desarrollos y relaciones con el mundo de hoy. Tercero, desarrollar estrategias más innovadoras de gestión del interés público cultural, más allá de lo expectante, lo incidental o lo simplemente anecdótico y transitorio.

El actual momento de la transición política que vive Puebla puede ser histórico si se hace con miras hacia el futuro. Por tanto, si se reconoce que la sociedad presente está en una transformación permanente, entonces los procesos de modernización requerirán ser regulados, sustentables y valorados en razón de su auténtica significación social.

En ese sentido, habrá que ponderar los procesos de apropiación social cuyas rutas y trayectorias constituyen nuevos lugares de encuentro, sin un centro físico y culturalmente determinado.

Especialista en Comunicación y Cultura. Departamento de Ciencias Sociales UPAEP. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

Vea todos los viernes en el canal 26 del SICOM, de 22:30 a 24:30 horas, el programa “En contexto”, un programa del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, conducido por Enrique Cárdenas Sánchez, con la participación de destacados especialistas que analizan importantes temas de actualidad.  

 

Oportunidad para dignificar el quehacer informativo en Puebla

Aunque en los años más recientes algunas prácticas periodísticas en Puebla constituyeron importantes episodios de reivindicación de la libertad de expresión, en la práctica es poca su contribución al quehacer democrático de la entidad.

Las innovaciones tecnológicas que han cambiado radicalmente las relaciones entre los medios de comunicación, el sistema político y la ciudadanía, parecen no adquirir mayor significación pero a pesar de las nuevas herramientas se mantiene el modelo de supeditación al poder político vigente desde hace muchos años. La supuesta competencia entre las empresas de comunicación no existe, lo que determina que funcionarios públicos y actores políticos definan y establezcan la agenda pública a su antojo. La capacidad de los medios de influir en las decisiones de voto de la población o incidir permanentemente en la construcción de la opinión pública es limitada, lo que quedó demostrado en el proceso electoral reciente donde el debate fue limitado e inmovilizador, además de que  fueron superados por otras acciones directas emprendidas por los propios partidos, los candidatos y distintos grupos sociales.

De igual modo, la exagerada difusión de estudios de opinión sin sustento para mostrar tendencias en los procesos electorales y aceptación o rechazo a la gestión gubernamental, ha generado suspicacia y desconfianza en la ciudadanía tanto por la manipulación que han realizado los partidos y gobiernos como porque los medios de comunicación se han prestado a una interpretación equivocada de resultados para generar desconcierto.

Ni que decir de la publicidad política en la que -con ganancias económicas considerables- se colabora en la construcción de ilusiones y la impunidad de personajes públicos a pesar de los muy precarios y amargos resultados. En ese sentido, dado que en el proceso de transición democrática la intervención de los medios de comunicación es cada vez más importante, resulta pertinente un momento de reflexión sobre el sentido social de la representación mediática y el verdadero ejercicio de la libertad de expresión en este nuevo momento político de la entidad. Los gobiernos gastan millones de pesos al año en la compra de publicidad y otorgan subsidios a periódicos y periodistas para asegurar la presencia continua de personajes en los mejores espacios de la semana.

También fomentan redes sociales en la red y operan páginas y blogs para la autopromoción. Sin embargo, habría que preguntarse si eso ha beneficiado el quehacer político en nuestro estado y si esas prácticas han demostrado que ahora se tienen mejores gobiernos que antes.

La intermediación de los medios de comunicación es relevante cuando se vuelve consustancial a los procesos políticos y la gestión del gobierno, al tiempo que contribuye a la construcción de la cotidianidad democrática. En cada estado de nuestro país ese proceso es condicionado por el entorno, en el cual se refleja la particular cultura política, los avances en materia de transparencia institucional, el debate de tradiciones e ideologías existentes, así con los modelos de gestión pública, las formas de participación ciudadana y el desarrollo del sistema de comunicación. Por ello, corresponde a la sociedad evaluar el ejercicio de los medios y proponer maneras distintas de actuación para eliminar los vicio0s del pasado que amenazan con adaptarse una vez más a la nueva realidad.


La idea de que la democracia converge en los medios de comunicación ha originado en otros contextos, por ejemplo, una nueva cultura periodística cuya creencia sostiene que acontecimientos particulares de impacto social o político, vinculadas a las formas de actuar de los gobiernos y las diferentes posturas políticas, están interrelacionadas y deben ser consideradas como un referente para explicar el contexto de la vida pública.

En tal forma, la democracia mediática se constituye en un campo de investigación cuyo objeto de interés es la adaptación de los partidos políticos, las instituciones gubernamentales, los congresos, autoridades judiciales y sociedad civil organizada a ese nuevo espacio público de debate, negociación y acuerdo, donde la agenda se determina por la libertad de expresión, la transparencia, el cumplimiento de la ley y la rendición de cuentas. Mediante ella se busca explicar los fenómenos y sus consecuencias, describir las preocupaciones sociales, identificar los asuntos relevantes y difundir los resultados de distintas experiencias.

Así, el proceso de modernización de los medios de comunicación se traduce en un periodismo políticamente más informativo y plural, el cual atrae la atención de una amplia audiencia y guarda celosamente su independencia. Se presenta como un observador objetivo y desinteresado que se interpone entre los líderes políticos y el público y puede hablar con más autoridad y credibilidad por su posición de mayor independencia ante la influencia del gobierno y los partidos políticos. Esto que parece una verdad incuestionable, pareció olvidarse en el último lustro en el espacio público poblano toda vez que durante ese tiempo se reprodujeron los modelos de control, manipulación y negociación de la información política para mantener y sobrevalorar la imagen de un gobierno carente de capacidad, honestidad y recato. Es de esperar que con la transición ?que no alternancia-, cada quien realice su propia autoevaluación y ejerza en el futuro su labor con mayor nivel de responsabilidad, ética y sentido democrático..

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Paga Obama el costo político de la afectación de intereses

La llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos se interpretó en su momento como una gran oportunidad para reconciliar al país, luego de ocho años de simulación política y déficit financiero para asegurar una supuesta seguridad ante las amenazas constantes del exterior. Sin embargo, el mismo Presidente ha reconocido su insatisfacción por no poder avanzar en ese sentido e incluso haber retrocedido en algunos aspectos.

El número de estadounidenses que creen equivocadamente que Obama es musulmán ha crecido hasta un 18 por ciento desde que tomó posesión. Asimismo, se han extendido las afirmaciones de que no nació en el territorio estadounidense y que sus reformas no corresponden con las necesidades e intereses de la sociedad estadounidenses.

De esta manera,  el hombre que se distinguió por su gran capacidad para comunicar y cautivar a muchos grupos sociales con una propuesta política de cambio y esperanza durante el proceso electoral de 2008, es hoy enormemente incapaz de comunicar a la compleja diversidad social estadounidense sus decisiones y labor como Presidente.

Ante la ineficacia y debilidad en la comunicación del gobierno de Obama, la contraofensiva de los sectores más radicales de la derecha y sus aliados de los medios de comunicación se ha hecho cada vez más presente para polarizar a una sociedad ansiosa, ahondar más en la incertidumbre y favorecer la decepción por la falta de políticas públicas que reviertan la compleja realidad económica del país.

En ese sentido, a falta de una estrategia de comunicación inteligente y la carencia de operadores con capacidad para el debate político, algunos comentaristas de las televisoras y columnistas de los diarios e Internet se han convertido en los principales opositores a las iniciativas del Presidente.

Uno de los más destacados es Glenn Beck, comentarista de la cadena Fox News, quien ha actuado como el gran protagonista en la mayor demostración de fuerza del movimiento de extrema derecha conocido como Tea Party. En la última embestida, Obama, ha sido criticado por haber respaldado la construcción de una mezquita en New York, a tres cuadras de la zona cero, pese a una oposición social del más del 60 por ciento.

De igual forma, ha sido cuestionado por haberse sumado a los grupos que solicitaron al pastor Terry Jones que renunciara a su espectáculo de quema del Corán. Tanta ha sido la presión que Obama se ha visto obligado a reiterar en sus intervenciones públicas que su religión es el cristianismo, que defiende el derecho de los musulmanes a construir la mezquita -templo religioso dentro de un gran centro cultural- porque las leyes del país así lo permiten y no porque comparta esas ideas o proyectos en particular. Asimismo, que la quema del Corán incidirá grandemente en la polarización mundial y el activismo de los grupos más radicales del Islam.

Pero, ¿por qué Obama se transformó de un político inspirador de la esperanza nacional en un Presidente continuamente acusado por no saber comunicarse con su país y mantener una irritante distancia con los grupos sociales que hasta hace poco lo admiraban?. Para nadie es desconocido que el Presidente y su equipo han cometido errores y mostrado algunas inconsistencias. Sin embargo, ella no es razón suficiente para que en un breve lapso su administración sea cuestionada de manera tan radical y pongan en duda todas sus iniciativas. Por ello, la razón debe buscarse en la insatisfacción de expectativas y el profundo malestar social por el estancamiento económico. Esto a pesar de los esfuerzos de la administración por revertirlo.

La gente busca responsabilizar a Obama de no saber superar la catástrofe financiera heredada, sin considerar que muchas de sus acciones han evitado un colapso económico todavía mayor. Lo único que perciben es que no consiguen trabajo, que hay una incertidumbre social generalizada y que su futuro es poco alentador.

En tal forma, en una encuesta de la CBS se revela que solo 13 por ciento de los estadounidenses creen que los programas económicos de Obama les han ayudado mientras un 63 opina que no han tenido efecto alguno.

Estas percepciones negativas sobre Obama que han sido potenciadas por campañas constantes de sus adversarios políticos, se deben fundamentalmente a que ha tocado muchos y muy poderosos intereses y afectado el establishment de muchos años. Las reformas prometidas durante el proceso electoral solo fueron cuestionadas hasta que las llevó a cabo, por lo que los afectados se han movilizado de distintas maneras para impedir a toda costa que esos cambios se materialicen.

En ese sentido, si gobernar el país que heredó de George Bush era un reto difícil para Obama con el legado de reacciones ante los cambios que él mismo ha llevado a cabo será aun más difícil. En la actualidad los medios de comunicación parecen ensañarse contra Obama y no pierden oportunidad para difundir cualquier tipo de cuestionamiento.

Es el caso del arzobispo sudafricano Desmond Tutu, quien recientemente publicó un artículo criticando ferozmente al Presidente porque el gobierno estadounidense redujo los fondos para la lucha contra el sida en África. Asimismo, The Washington Post informó que la Cámara de Comercio gasta tres millones de dólares por semana para revertir las iniciativas del Presidente.

También el movimiento laboral estadounidense afirmó que Obama no hace lo que ellos quieren y las élites de Wall Street se sienten marginados porque Obama ya no asiste a sus fiestas y se mantiene a una justa distancia.

Algunos de los donantes de las campañas políticas se quejan de que Obama no solo les ha negado cargos de influencia en su gobierno, sino que además ya ni siquiera los invita a las recepciones y cenas en la Casa Blanca. 

Los militares también están molestos porque por primera vez sufren fuertes recortes presupuestarios. Mientras tanto los ecologistas están furiosos porque Obama no apoya sus exigencias con leyes más restrictivas. A la industria petrolera le ha impuesto severas regulaciones ambientales, al tiempo que el lobby judío se queja porque Obama presiona al gobierno israelí para que haga concesiones a los palestinos. Las industrias farmacéutica y hospitalaria no le perdonan la reforma al sistema de salud, mientras los bancos siguen indignados con las nuevas reglas. Ello sin olvidar a los 12 millones de inmigrantes indocumentados que esperan ansiosos la reforma a las regulaciones migratorias.

En ese contexto, están las elecciones del 2 de noviembre del presente año donde se decide un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes y 28 gubernaturas estatales. En ellas, como se ha insistido, las intenciones de voto parecen indicar que el Partido Demócrata perderá la mayoría que ha tenido en la Cámara baja y que mantendrá un precario dominio en el Senado. Hasta este momento e Partido Demócrata ha sido capaz de transmitir una imagen de eficacia de la administración en el Congreso.

Dividido entre numerosas tendencias, a veces irreconciliables, pendientes de intereses particulares con frecuencia contrapuestos a los de Obama, ellos no han sido el soporte que el Presidente necesitaba a pesar de su amplia mayoría. A su descrédito ha contribuido una oposición Republicana más experimentada que apostó desde el inicio por una estrategia obstruccionista de la que no se han librado. Por ello, algunos nombramientos de cargos todavía están pendientes de confirmación parlamentaria. *

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Obama, de la esperanza desbordante a laincomprensión generalizada

En una búsqueda obligada por reafirmar su legitimidad política y garantizar que la mayoría Demócrata se mantenga en el congreso federal y pueda continuar con las reformas ofertadas durante la campaña electoral, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, realiza giras por distintos Estados del país para recaudar fondos y hacer campaña en favor de diversos candidatos de su partido que participarán este mes de agosto en las elecciones primarias de nominación.

En ellas, como es sabido, se decidirá quién participará oficialmente en las elecciones del próximo noviembre para renovar las 435 curules de la Cámara de Representantes y 37 de las 100 que integran el Senado federal, además de elegirse 34 de los 50 gubernaturas del país. A diez semanas de la elección oficial, la mayoría de las encuestas locales y nacionales manifiestan una tendencia positiva hacia los candidatos Republicanos, al tiempo que la popularidad del Presidente Obama se ubica en su índice histórico más bajo.

Por ello, algunos candidatos tratan de distanciarse coyunturalmente del Presidente y de esa manera ganar algunos votos entre los Demócratas decepcionados y los electores indecisos.

Obama ha visitado los Estados de Washington, California y Wisconsin, los cuales fueron importantes en las pasadas elecciones presidenciales de 2008. Sin embargo, a dos años de esa elección las encuestas demuestran que la confianza popular se ha alejado del Partido Demócrata dada la lenta recuperación económica del país, la polémica reforma sanitaria, la ley financiera, la catástrofe ecológica en el Golfo de México y el retraso en la definición de una reforma migratoria.

Según un reporte reciente de la encuestadora Rasmussen, los candidatos Republicanos aventajan por 12 puntos a los Demócratas en una intensión de voto del 48 al 36 por ciento. En efecto, en un sondeo de la compañía Survey USA la aspirante Republicana al Senado por el Estado de California, Carly Fiorina, ex alta ejecutiva de Hewlett-Packard (1999-2005) y antigua vicepresidente ejecutiva de AT&T, supera a la Demócrata Bárbara Boxer, quien ocupa ese escaño desde 1993, por un 5 por ciento en las intenciones de voto.

En Ohio, el Gobernador Demócrata Edward Strickland está abajo en las tendencias por casi nueve puntos de diferencia para una eventual reelección frente al Republicano John Kasich, ex Presidente del Comité de Presupuesto en la Cámara de Representantes donde se destacó como un recio conservador en materia fiscal. Es también un conocido conductor y ejecutivo de la cadena de televisión Fox News.

El Presidente Obama enfrenta también las reticencias de varios candidatos Demócratas que, en una búsqueda desesperada por ganar votos, guardan justa distancia de un mandatario que pierde rápidamente niveles de popularidad.

En ese sentido, algunos candidatos de gran afinidad anterior perciben que la cercanía con el Presidente puede resultar negativa en sus aspiraciones. Tal es el caso del líder de la mayoría Demócrata en el Senado, Harry Reid, quien este año busca su cuarta reelección por el Estado de Nevada.

Según la última encuesta de Rasmussen, Reid está actualmente empatado con su contrincante Sharon Angle, una de las candidatas Republicanas auspiciadas por el movimiento ultraconservador conocido como Tea Party. Cuando Obama defendió la semana pasada el derecho de una organización musulmana a construir una mezquita cerca de la zona cero de Nueva York, Reid rápidamente se desmarcó argumentando -como también lo hicieron muchos Republicanos conservadores como Sarah Palin y Rudolph Giuliani- que aunque constitucionalmente se puede construir una mezquita en el territorio ?el sentido común lo desaconseja?.

Los asesores de Obama han reconocido que en la polémica de la mezquita privó más una convicción personal del Presidente que una prospectiva política, por lo que sus declaraciones pudieran tener graves consecuencias para los miembros de su partido que compiten para las elecciones de noviembre.

Según la encuestadora Gallup, actualmente solo un 42 por ciento de los votantes aprueba la gestión de Obama y un 51 por ciento la desaprueba. Asimismo, a un año y medio de su toma de posesión (enero de 2009), cuando disfrutaba de una popularidad del 67 por ciento, Obama se ha visto obligado a explicarle reiteradamente a la nación qué es lo que su administración está haciendo y cómo va a lograr mejorar el bienestar social perdido.

También las dudas sobre la capacidad de gestión del Presidente en el seno del partido Demócrata han resultado, en algunos casos, bastante extremas. Es el caso del candidato por Indiana, Joe Donnelly, quien en su afán de reelegirse como Representante ha publicado un anuncio con imágenes de Obama en el que asegura: "No trabajo para él". Ante casos como este, el Presidente del partido y ex gobernador de Virginia, Tim Kaine, ha declarado que muchos ?Demócratas tienen miedo de reconocer lo que son y equivocadamente reniegan de sus líderes?.

Estos acontecimientos demuestran que la unidad en el Partido Demócrata, que permitió el importante resultado en las elecciones federales de 2008, se ha fracturado una vez más.

Este hecho debilita al Presidente, sobre todo porque permite el resurgimiento de grupos tradicionales opositores al liberalismo radical de su administración y agudiza la resistencia de varios legisladores hacia una reforma más a fondo de la economía estadounidense. De igual forma, los movimientos ultraconservadores en el Partido Republicano avanzan rápidamente y obtienen mayor influencia con miras a las elecciones de 2012. Ello ha quedado de manifiesto en distintas jornadas de nominación para las elecciones de noviembre, donde los electores del Estado de Colorado ?por ejemplo- si bien le otorgaron la victoria a Michael Bennet, un aspirante al Senado apoyado por la Casa Blanca, también favorecieron a Ken Buck, un candidato afín al movimiento del Tea Party. Michael Bennet consiguió la nominación sobre su competidor, el ex presidente de la Cámara de Representantes estatal Andrew Romanoff, por una diferencia de ocho puntos porcentuales.

Obama participó en una intensa campaña en su favor, convirtiendo la contienda en un asunto casi personal. Fue también él quien en su momento le abrió la puerta del Senado para ocupar en 2009 la curul de Ken Salazar, al asumir este último el cargo de Secretario del Interior. El ex Presidente Bill Clinton apoyó el voto Demócrata en favor de Romanoff, no sólo por su destacada participación en favor de su esposa Hillary en las primarias presidenciales de 2008 sino también como una forma de balancear el poder Demócrata en el congreso federal.

Ken Buck, por su parte, aunque es un desconocido en Washington en su condado es ampliamente reconocido por su trabajo de fiscal. Él superó a Jane Norton, un activo importante del Partido Republicano que fue vicegobernadora del Estado entre 2003 y 200. Al celebrar su victoria, Buck utilizó el discurso que define al Tea Party: "Vamos a ofrecer nuestra cooperación a aquellos votantes independientes y Demócratas que también están hartos de Washington".

Buck es el tercer candidato del Tea Party nominado para las elecciones de  noviembre, tras las victorias de Sharron Angle para el Senado por el Estado de Nevada y Rand Paul para el mismo cargo en el Estado de Kentucky. Otro de las candidatas de ese movimiento conservador, la ex secretaria del Estado de Georgia, Karen Handel, perdió en una elección ajustadísima la nominación Republicana para Gobernador ante el Representante Federal Republicano Nathan Deal. Ella había recibido el total apoyo de la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quien se ha destacado como una de las líderes más importantes del Tea Party. Otros dos baluartes de ese movimiento, el ex candidato presidencial Mike Huckabee y el ex Presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, apoyaron al vencedor final de la contienda en Georgia, Nathan Deal, con lo que la sinergia se fortaleció.

En Connecticut, otra desconocida para la clase política dirigente apoyada por el Tea Party logró la nominación del Partido Republicano para el Senado federal. Se trata de la empresaria y ex ejecutiva de la agrupación de lucha libre World Wrestling Entertainment, Linda McMahon, quien logró la candidatura para enfrentar al actual Fiscal General del Estado, el Demócrata Richard Blumental. Connecticut es un bastión histórico del Partido Demócrata que luego de muchos años puede cambiar de orientación.

De esta manera, al igual que sucedió con el Presidente George W. Bush en su momento, el contexto económico y social actúa en contra de la administración Obama y parece presagiar una dolorosa derrota frente a los grupos más conservadores con miras a la eventual reelección en el año 2012.

   

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