Triunfo de Doger, un caso de estudio

Por: Valentín Varillas
Con lupa analizaron en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI el cerradísimo triunfo que obtuvo Enrique Doger en el distrito seis con cabecera en Puebla capital.
Se trata de un caso, por decir lo menos, atípico en la política, en donde resulta evidente que factores externos tuvieron un peso específico mayor que la propia operación de la estructura partidista.
Sí, ni la imagen del candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, sirvió para volver competitivos a los candidatos del tricolor en la capital, los cuales cayeron en el resto de los distritos hasta el tercer lugar de las preferencias electorales, por lo que ex presidente municipal decidió echar a andar una estructura propia, paralela a la del partido, la que incluyó por supuesto la movilización de operadores que pertenecen a su equipo más cercano y que se financió con recursos propios.
Lo que el PRI no le pudo dar a Doger, se lo dio su grupo político.
Abonó también al “buen resultado” electoral, el odio visceral que siente el gobernador Moreno Valle por el alcalde Eduardo Rivera y la obsesión de abonar a la derrota de la única posición real del edil en esta contienda, Enrique Guevara.
Otra vez, los caprichosos astros de la política se alinearon a su favor.
Además, era tanto lo que se jugaba el ex rector en términos de su futuro político, que era impensable depender electoralmente solo de la maquinaria electoral formal.
Una derrota en la elección federal hubiera significado la tumba del proyecto que verdaderamente obsesiona al dogerismo y que pasa por el regreso a la presidencia municipal de Puebla.
Las encuestas publicadas por los propios aliados de Doger no le mostraban un escenario nada favorable.
El crecimiento de la izquierda en los distritos de la ciudad complicaba seriamente el escenario, pero Enrique se había preparado previamente para enfrentarlo.
Pragmático como es, giró cheques al porvenir con sus enemigos y potenciales contrincantes, dentro y fuera del partido, pactó con Dios y con el diablo y sumó al final apoyos que apenas hace pocos meses hubieran resultado impensables.
A principios de marzo pasado, en este espacio, le adelantaba este escenario y le platicaba cómo en un contexto electoralmente complicado, los “enemigos” de Doger serían importantes para ganar su distrito.
Así lo fue.
Rescato algunos párrafos que a la postre resultaron premonitorios:
“Necesitar a los enemigos: el dilema de Doger
“Si el ex alcalde capitalino, Enrique Doger Guerrero, pretende ganar el sexto distrito federal local en la elección de julio próximo, no estaría mal que hiciera un profundo análisis de conciencia, olvidara viejas afrentas y rencores y de plano buscara a dos de sus principales enemigos: Omar Álvarez Arronte y Javier López Zavala.
“Y es que, crueles paradojas de la política, estos dos personajes son los priistas que no sólo conocen de mejor manera el distrito por el que competirá, sino que lo han ganado ya en dos coyunturas distintas.
“Omar lo hizo en tiempos de Manuel Bartlett, en la elección federal de 1997, cuando se dio aquel 15-0 histórico para los priistas, lo que le permitió ser parte de la LVII Legislatura del Congreso de la Unión.
“López Zavala ganó el distrito 3 local, geográficamente muy similar al 6 federal, en aquella elección de 2001 en donde el PRI vivió una de las peores catástrofes electorales de su historia, por lo menos en lo que a la ciudad de Puebla se refiere.
“Los agravios entre Doger y estos dos priistas hicieron historia.
“Con Álvarez Arronte se desató una auténtica guerra cuando fungió como Director de Gobernación Municipal en el trienio del propio ex rector de la BUAP.
“Difícil olvidar aquel carrousel de medios que protagonizó Omar en ese tiempo y en donde acusó no sólo de corrupción al entonces alcalde, sino de supuestos nexos con grupos delincuenciales a través de operaciones relacionadas con el lavado de dinero.
“El tema jamás pasó de lo mediático a lo jurídico y quedó ahí, sólo para engrosar el anecdotario político poblano.
“A Zavala y Doger los enfrentó la coyuntura electoral de la elección local de 2010.
"Si bien la animadversión tuvo su origen en la convivencia de ambos en el período 2005-2008, el del enfrentamiento Marín-Doger, su punto más álgido se dio en la lógica del proceso de selección del candidato del PRI a la gubernatura del estado.
“Las durísimas críticas mediáticas de Enrique a Javier, cuestionando no sólo su origen, sino sus debilidades como abanderado tricolor y potencial gobernador, no disminuyeron cuando el propio Doger se integró a la campaña de Zavala como supuesto “operador en la zona metropolitana”, con la consecuente falta de operación del grupo político “dogerista” a favor del candidato del PRI.
“El capítulo más reciente de esta historia lo vimos, cuando el tricolor definía la fórmula al Senado y ambos personajes aspiraban a la nominación.
“Los agravios no sólo no se olvidan, sino que están más frescos que nunca.
“En este complicadísimo contexto, cada uno de los candidatos priistas tendría que intentar maximizar los potenciales apoyos de los que puedan echar mano, en aras de lograr un triunfo electoral que en este momento, por lo menos en el papel, parece titánico.
“Un potencial triunfo tendría, como aduana inevitable, el pactar con los enemigos históricos y aparentemente irreconciliables".
Y al final, así fue.
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