Jueves 23 de Mayo del 2013

Gordito o gordita

obesidad1‘Ay qué simpático gordito’, ‘el cachetoncito de allá’, ‘el cero del diez’, ‘la bolita’ y todos estos sobrenombres hacen alusión a niños que lucen como el recordado personaje de Jaime Palillo en la novela infantil ‘Carrusel’. Y aunque los niños obesos luego ‘dan el estirón’ y dejan de serlo, la mayoría conserva sus malos hábitos alimenticios hasta la adultez y como consecuencia, vienen afectaciones psicológicas, físicas y emocionales que se cargan toda la vida.

Las causas son varias: nuevos productos que cada vez son más atractivos, el aumento del poder adquisitivo de los niños-con ‘domingos’ cada vez mayores producto de la compensación del tiempo que no pasan con ellos los padres-, el exceso de videojuegos, televisión e internet que producen sedentarismo y que no es culpa de los medios sino de la poca actividad al aire libre que no compensa su uso; y la falta de disciplina de los padres para ayudar a una dieta balanceada, ya sea por consentirlos, porque se callen o por el mismo mal ejemplo que los adultos damos con nuestra forma de comer: cero verduras, pura porquería.

Las cifras con alarmantes: Según un comunicado de prensa del 2006 de la Secretaría de Salud, el Servicio de Endocrinología Pediátrica del Hospital Infantil de México "Federico Gómez" declaró que el 40% de la población infantil en nuestro país sufre sobrepeso y obesidad. Especialistas del Instituto Nacional de Pediatría calculan que niños con sobrepeso de 25% adicional al normal tienen mayor probabilidad de presentar alteraciones hormonales. En la mujer, puede generar infertilidad, ovarios poliquísticos y alteraciones del ritmo menstrual.

Muchos nos escudamos en que la obesidad es genética, como si esta palabra fuera sinónimo de ‘irremediable’ y tuviera que ver con sentirnos víctimas. La realidad es que nos acomoda esta justificación y si la genética marca pautas de vida, las costumbres, los hábitos y la disciplina son los agentes de cambio que pueden regir la vida y no sólo guiarla.

Uno de los impedimentos más grandes al querer cambiar un hábito es la convivencia con los que nos rodean y que deciden permanecer en el hábito; así, cuando se está a dieta y todos los demás comen pastel, es difícil mantener la fuerza de voluntad.  Lo mismo sucede con el ejemplo: ¿con qué cara se pone a un niño a dieta mientras uno come normalmente?

O bien, si usted como padre sufre al ver la cara de decepción de su hijo al no comprarle una golosina, ¿no sufrirá más al descubrir que el niño tendrá problemas de salud que arrastrará por el resto de su vida?  Y el chiste no está en negarles todo, sino en saber administrarlo: se puede compensar con golosinas después de una actividad física o después de la tarea, pero que el niño se acostumbre a adquirir un artículo y no uno de cada ‘especie’ (papas, pastelitos, tamarindos, chiclosos, dulces, helados, etc.)

De igual manera, el comer en exceso puede representar una dinámica familiar alterada. Los padres tienden a sobrealimentar a sus hijos como una forma de disipar sus culpas, como expresión de sus propias necesidades no satisfechas o como manifestación deformada de cariño. Las madres obesas tienden a servir raciones mayores y esto se une a la equivocada regla común de que el niño debe acabarse forzosamente todo lo que se sirva en el plato.

Y no sólo los padres sufren, los niños más: cuántos problemas emocionales y depresiones no causan la censura de los amigos y el rechazo de los compañeros de clase por no poder desempeñarse bien en las actividades deportivas o bien, simplemente por lucir como luce un niño obeso. Siempre es el blanco de las bromas pesadas y a raíz de sentirse inseguro, no encuentra manera de defenderse y su personalidad se desarrolla de manera deficiente al encontrarse en un círculo vicioso.

obesidad2Sí, en los tiempos de antaño era más fácil conservar la salud al tener el tiempo de preparar frutas y verduras o botanas caseras; asimismo, había tiempo para compartirlas en casa y comerlas en paz. Ahora, el ritmo actual de la vida moderna nos arrastra a la calle sin desayunar y no nos permite esta tranquilidad; sin embargo, no hay pretexto para no esforzarse y colaborar para que, en el 2018 seamos el país con mayor índice de obesidad en la población adulta.

 

CIFRAS ALARMANTES:
• Cuatro millones de niños mexicanos de entre 5 y 11 años tienen sobrepeso. Es urgente que sus padres tomen cartas en el asunto y cambien sus hábitos alimenticios para prevenir complicaciones como afecciones cardiovasculares.

• Uno de cada 4 a 5 niños es obeso, mientras que uno de cada 3 está en riesgo de serlo.

• Los niños que son obesos a la edad de 6 años tienen un 27% de probabilidad de ser obesos cuando sean adultos.

• Los niños que son obesos a los 12 años, esta probabilidad aumenta al 75%.

• Uno de cada diez niños es obeso al llegar a los 10 años.

• Un niño obeso tiene 12.6 más probabilidades de tener diabetes mellitus y 9 veces más probabilidades de ser hipertenso a edad temprana que niños no obesos.

• 43% de los que se ubican entre los 3 y nueve años también la padecerán más adelante.

• 86% de quienes llegaron a la pubertad en esa condición, tienen una alta probabilidad de mantenerse así el resto de su vida.

• Los niños con 15% de sobrepeso tienen alteraciones ortopédicas, dificultad para estar erguidos, alteraciones de alineación de columna y extremidades debido al enorme depósito de grasa abdominal.

• En la pubertad, con 20% de sobrepeso, hay restricción pulmonar, disminuye la movilidad diafragmática, la ventilación es superficial y la oxigenación menor.

• Al hacer ejercicio, el niño/a se fatiga rápidamente porque el corazón late más veces por minuto de lo normal, los pulmones ventilan inadecuadamente y si continúa la actividad, pueden aparecer calambres, dolor por fricción del hígado con las costillas (de caballo) y otras complicaciones.

 

tusalud.com.mx

obesidad3‘Ay qué simpático gordito’, ‘el cachetoncito de allá’, ‘el cero del diez’, ‘la bolita’ y todos estos sobrenombres hacen alusión a niños que lucen como el recordado personaje de Jaime Palillo en la novela infantil ‘Carrusel’. Y aunque los niños obesos luego ‘dan el estirón’ y dejan de serlo, la mayoría conserva sus malos hábitos alimenticios hasta la adultez y como consecuencia, vienen afectaciones psicológicas, físicas y emocionales que se cargan toda la vida.

 

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