Espino: el arte de hacer mierda la congruencia

Por: Valentín Varillas
Qué orgullosos están los priistas de haber logrado sumar a Manuel Espino a la lista de “espontáneos” políticos que los apoyan, en la recta final de la campaña y cuando están en primer lugar, por mucho o por poco, pero en todas las encuestas.
Sienten que le hicieron un gran boquete al potencial voto panista y piensan que las hipócritas palabras que el ex líder nacional blanquiazul le dedicó a su candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, servirán para convencer a un porcentaje importante de quienes todavía no definen el sentido de su voto.
¿Será?
Tal vez dar por hecho lo anterior sería atentar en contra de la inteligencia básica del votante potencial.
Espino es ya de sobra conocido, su praxis política está llena de contradicciones e incongruencias y eso pudiera restar a las expectativas electorales del PRI en lugar de sumar.
En Puebla, se hizo famoso cuando dio línea a los panistas locales de no tocar ni con el pétalo de una rosa al entonces gobernador Marín por el caso Lydia Cacho, en plena coyuntura electoral local en el 2007.
Como resultado de esta brillante estrategia, el blanquiazul perdió buena parte de los municipios más importantes del estado, incluida por supuesto la capital, y sacrificó representación en el congreso local, dando forma a una aplanadora priista que pasó en automático todos y cada uno de los caprichos del entonces gobernador.
La factura la pagaron puntualmente los marinistas.
Una vez terminado su paso por el CEN del PAN y victimizado mediática y políticamente por su proceso de expulsión de las filas de ese partido, sus viajes a Puebla para “grillar” panistas o para presentar sus libros en coyunturas electorales específicas fueron financiados faraónicamente por personajes con cargos importantes en la estructura del entonces gobierno estatal.
Ese es Espino, de cuerpo entero, por dentro y por fuera
Pocas dirigencias nacionales tan oscuras se recuerdan en la historia de la derecha nacional.
Espino fue no sólo autoritario y sectario, sino ignorante, incompetente y muy poco efectivo.
Aunque sus trasnochados defensores aseguren que el norteño tendrá siempre en su currículum el haber ganado la elección presidencial más cerrada de la historia, el argumento no resiste ni siquiera el análisis más somero.
Los propios panistas están conscientes de que si Felipe Calderón es presidente de este país no es gracias a Manuel Espino sino a pesar de Manuel Espino.
Para nadie es un secreto que desde la contienda interna de AN para elegir a su candidato presidencial, la dirigencia nacional emprendió una serie de acciones encaminadas a evitar, a como diera lugar, que Felipe se convirtiera en el abanderado blanquiazul.
¿Se imagina de qué tamaño es la estupidez del ex líder que, teniendo el control absoluto de todas las instancias partidistas, la estrategia no dio resultados?
Esto, sin duda, se reflejó en todas y cada una de las elecciones estatales que tuvieron lugar después de Julio de 2004, en donde Espino impuso candidatos, se encargó de la estrategia y la operación electoral, y en donde su partido sufrió vergonzosas derrotas.
Esas son las cuentas que entregó a militantes y simpatizantes.
Ni más ni menos.
Pero es fácil hacer un análisis, a tiempo pasado, de lo que significó para el PAN el hecho de que alguien como Manuel Espino se encargara de dirigir sus destinos.
Hay que reconocer a quienes, al inicio de su período, adelantaron lo que le esperaba al partido con un líder así.
Denisse Dresser tiene el mérito de haber hecho lo anterior.
En el número 1481 de la revista Proceso, publicado el 20 de marzo de 2005, la periodista escribió estas líneas que a la luz de los acontecimientos, resultaron premonitorias.
Aquí le presento algunos párrafos muy interesantes sobre su reflexión.
Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia:
“Como una cubetada de agua helada. Como una bofetada inesperada. Como una caída de la cuerda floja sin colchón debajo. De manera sorpresiva, intempestiva, impredecible. Así ocurre la elección de Manuel Espino a la presidencia del PAN. Así se da un relevo que no releva generaciones sino desplaza grupos. Así se da la transformación de un partido que necesitaba nuevas ideas pero elige a burócratas que no las tienen. Con Espino al frente, el PAN cambiará pero no necesariamente para bien. “Con Espino a la cabeza, el blanquiazul corre el riesgo de dejar de serlo”.
“Y después están los hombres como Manuel Espino. El que llega con pocas ideas pero con mucha experiencia burocrática. El que llega con el apoyo del aparato partidista y la ayuda de Los Pinos. El que llega con filias incómodas y fobias evidentes. El que habla de "vendavales" pero hace poco por calmarlos. Ese nuevo dirigente cuyo arribo constituye la victoria pírrica de la burocracia pragmática. Ese nuevo presidente del PAN cuya primera acción pública es una reunión pública con Marta Sahagún. Ese nuevo dirigente de uno de los grandes partidos del país, que no pronuncia un solo discurso sobre su nueva orientación”.
“Y como Espino no llena espacios, los rumores de El Yunque los ocupan. Y como Espino no abre espacios a sus adversarios, ellos lo denostan en la plaza pública. Y como Espino no dice qué va a hacer con el partido, militantes prominentes optan por renunciar a él. Y como Espino no calibra las divisiones dentro del PAN, contribuye a exacerbarlas. Espino gana pero de mala manera: sin convencer, sin consensuar, sin cuidar, sin restañar. Espino se impone pero sin el capital político e intelectual como para sustentar su victoria. Dirigirá al PAN no como un dueño sino como un empleado. No como un líder sino como un cuidador. No como un constructor de futuros sino como un administrador de presupuestos. Y dado que no tiene grandes planes para el PAN, sobre él se irán imponiendo las pequeñas agendas”.
Hasta aquí la cita.
Y así fue, exactamente así fue.
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