¿Dónde está La Doña?

Por: Valentín Varillas
Ahora que el PAN poblano necesita echar toda la carne al asador en aras de revertir en la entidad el llamado efecto Peña, ese que los tiene en virtual empate técnico en la presidencia, en la fórmula al Senado y en los distritos con cabecera en la capital, sería lógico pensar que el partido necesitaría echar mano de sus liderazgos históricos en aras de inclinar la balanza a su favor y obtener triunfos importantes en la elección federal del 1 de julio.
No ha sido así.
Quienes en un momento llevaron la bandera del panismo tradicional en el estado, sospechosamente han optado por el bajo perfil y de plano han decidido hacerse un lado de la contienda.
Para eso me gustaban.
Un ejemplo claro de lo anterior ha sido Ana Teresa Aranda.
La hasta hace muy poco combativa “Doña”, esa que en teoría no se dobla ante nadie, mucho menos ante un gobernador que abiertamente la detesta, ha preferido la tranquilidad de la vida familiar al arduo sacrificio de picar piedra en campaña a favor de su partido.
Algo que, antes de ser parte de la burocracia dorada, la entusiasmaba al grado de la obsesión.
Sin embargo, lo que realmente explica la ausencia de Ana Tere en la coyuntura electoral actual es su incapacidad para dejar a un lado sus filias y fobias personales en aras de lo que más le conviene a Acción Nacional.
Para que me entienda, a Aranda le gana el hígado y es claro que en la lógica de su toma de decisiones pesan más sus filias y sus fobias que cualquier otra cosa.
Ella, por supuesto, lo llama congruencia.
¿Se acuerda de la coyuntura electoral previa al proceso local 2010?
En ese tiempo, el entonces candidato a la gubernatura., Rafael Moreno Valle, intentó, por todos los medios, un acercamiento con Ana Tere, la mejor posicionada entre quienes se manejaban como posibles candidatos a la alcaldía de Puebla
El hoy gobernador se topó con pared.
El tan buscado acercamiento jamás se dio y el resto de la historia lo conoce muy bien.
En este contexto resultaría imposible ver a Aranda sumarse a candidatos panistas afines a los intereses electorales del mandatario, aunque vaya de por medio el desempeño del PAN.
Un asunto similar explica también el nulo apoyo que la guanajuatense le ha dado a la campaña de la candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota.
Y es que, estas dos mujeres son poco menos que enemigos irreconciliables.
La historia data de tiempos de Fox, en donde Josefina llevó hasta el gabinete federal el veto yunquista que pesaba sobre Ana Tere.
La hoy candidata, desde la Sedesol que encabezaba, no se cansó de grillarla con Martha Sahagún, cuando Aranda dirigía el DIF nacional.
Aseguraba que planes y proyectos que eran responsabilidad de la Secretaría los asumía y operaba como propios La Doña desde la oficina que ocupaba.
El tema llegó a ser de un nivel tal que, cuando Vázquez Mota es nombrada como coordinadora de la campaña de Felipe Calderón, intenta sabotear a toda costa el nombramiento de Ana Tere como su sucesora.
Al final no puede evitarlo, pero deja evidencia de su odio al romper uno de los códigos básicos de la cortesía política, al no asistir a la toma de protesta de Aranda como nueva Secretaria de Desarrollo Social.
Estas viejas historias tienen repercusiones en la actualidad y explican el por qué su ausencia de la campaña 2012.
Y es que, para mala suerte de “la Doña”, en el último año y medio, sus más acérrimos enemigos han podido acceder a cargos importantes en la política local y nacional mientras ella vive un autoexilio que pretende ser dorado, pero que tal vez no lo sea tanto.
Por cierto, a todo esto ¿dónde quedó “Conciencia en Movimiento”?
Esa organización social que presentó Aranda hace meses y que en teoría impulsaría “la movilización ciudadana en aras de encontrar alternativas de solución a los problemas prioritarios del estado”.
Se supone que llevaría la voz crítica de la sociedad ante diferentes acciones tomadas por el gobierno estatal.
Por más que afino el oído, de plano no oigo esa voz.
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Twitter: @ValeVarillas























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