La bipolaridad ideológica de Beatriz Paredes

Por: Valentín Varillas
Hoy que quiere ser la Jefa de Gobierno del Distrito Federal, la priista Beatriz Paredes maneja en el discurso una férrea defesa del derecho de la mujer de decidir sobre su cuerpo.
Hace algunos años, sin embargo, como presidenta del CEN del tricolor, daba línea a los diputados miembros de legislaturas estatales para aprobar leyes que condenaban abiertamente temas polémicos como el aborto, las sociedades de convivencia o bien la muerte asistida.
Puebla fue un ejemplo claro de lo anterior.
Cómo no recordar la polémica desatada en el 2009 por la discusión de la iniciativa de reformas a la Constitución local por las que se anulaba la posibilidad de despenalizar el aborto por decisión propia de la mujer antes de las 12 semanas de gestación, así como la eutanasia, la muerte digna y las sociedades de convivencia.
El tema polarizó como nunca a la bancada “oficial”, a la de los clásicos autómatas que seguían sin chistar la línea dictada desde lo más alto del poder político local.
Diputados priistas se negaron rotundamente a votar a favor lo que consideraban una reforma “ultraconservadora” que no sólo atentaba directamente contra las libertades básicas del individuo, sino que iba en contra de los principios ideológicos que le dieron forma al Revolucionario Institucional.
Los priistas “rebeldes” que apelaban a la congruencia fueron: Rocío García Olmedo, Luis Alberto Arriaga, Javier Aquino Limón, Carlos Barragán Amador, Bárbara Ganime, Malinalli García Ruiz, Carlos González de la Calleja, José Roberto Gorzo Ortega, Jaime Hernández Ruiz, Carlos Martínez Amador, Víctor Huerta Morales, Mario Méndez, Avelino Toxqui Toxqui y Mauricio Hidalgo.
Ante la inminente fractura parlamentaria, el entonces gobernador Mario Marín pidió la intervención directa de Beatriz Paredes Rangel para apaciguar a las descarriadas ovejas tricolores.
Paredes propuso modificaciones de “forma” a las reformas, para simular que estas no atentaban directamente contra la ideología revolucionaria y le dio forma a una serie de estímulos, promesas y cheques al porvenir que generaron que la “disciplina” regresara a la bancada del PRI.
Vamos, le hizo el trabajo sucio a Marín, principal interesado en que esta iniciativa fuera aprobada por la aplanadora tricolor.
Ahora bien ¿qué ganaba el gobernador?
Mucho.
En ese 2009, la esposa del presidente Calderón, Margarita Zavala, inició una cruzada por todo el país, operando y cabildeando con grupos liberales y conservadores para llevar la bandera del “no al aborto” y el combate a las sociedades de convivencia como políticas públicas impulsadas informalmente por el gobierno federal, pero que fueron utilizadas como moneda de negociación de diferentes temas de interés para los mandatarios estatales.
En Puebla, el gobernador cabildeó la no intervención del gobierno de Calderón en la coyuntura de la elección federal de ese año, lo que sin duda facilitó de sobremanera el atípico triunfo del priismo (16-0) en aquel proceso.
De paso, Marín logró una nueva vacuna ante el inminente resurgimiento mediático del Caso Lydia Cacho en aquella coyuntura electoral e intentó vender a Puebla como un estado de la República pionero en términos de aprobar una ley en donde la Familia es reconocida constitucionalmente como una institución fundamental para la cohesión social y en donde sus miembros tiene derechos y obligaciones legales irrenunciables, principalmente para con los hijos.
Además, con la aprobación de la “Ley de la Familia”, el entonces mandatario tuvo una “deferencia” importante con los grupos más conservadores del catolicismo poblano, que en 2009 preparaban con fe esperanza y caridad lo que fue una faraónica bienvenida a su nuevo guía espiritual, el súper ortodoxo nuevo Arzobispo, Víctor Sánchez Espinoza.
Sin la intervención directa de Beatriz Paredes, lograr lo anterior hubiera sido prácticamente imposible.
Hoy que quiere gobernar la capital, la tlaxcalteca muta, se transforma, intentándose vestir, en plena campaña, con el traje de la ideología “reformista liberal”, muy de moda entre la mayoría de los votantes potenciales del DF.
Sobra decir que, a pesar de su enorme talla, ese traje le queda bastante grande.
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