Después del 5 de Mayo, entre el temer y el odiar

Por: Alejandro Mondragón
Hay una enorme diferencia entre ser temido y ser odiado.
La mayoría de los gobernantes, salvo los bonachones (Melquiades Morales Flores), buscan dejar en claro que en medio de las crisis siempre será mejor ser temido.
La burbuja en el poder se encarga, todos los días, de repetir en el espejo del gobernante: el respeto conduce al temor y, por ende, al orden. Al pueblo le encanta que seas autoritario gobernador, le dicen.
Sin embargo, lo que unos ven como temor, otros lo miran con odio. Hay ejemplos recientes: Mario Marín Torres, quien llegó con todo el poder en sus manos para ser temido y terminó odiado.
Aunque no existe analogía sobre el pasado y lo reciente, lo cierto es que cada vez se escuchan expresiones de rechazo (odio) hacia el estilo de gobierno del mandatario poblano, Rafael Moreno Valle.
Ya no se analiza como el estadista, sino con el eficaz gerente del poder que realiza obras que antes no se habían hecho, opera políticamente con eficiencia y, sobre todo, mantiene mano dura en torno a grupos que ponen en riesgo la gobernabilidad.
La transformación del temor al odio se explicaría, entonces, a partir de su lejanía con quienes contribuyeron a su victoria. Siempre está en el aire y cuando logra aterrizar bloquea calles, aleja a los poblanos de su cercanía y los ciudadanos lo ven correr en las grandes ligas, como si la aldea le quedara ya chica.
En términos de la administración de resultados obtiene generosas calificaciones, pero en el ámbito de la relación gobernante-ciudadano se percibe un desencuentro.
Por supuesto que sus corifeos se cansan de gritarle que “no deje de trabajar; que sus críticos son rémoras del marinismo"; y que él está listo para el 2018.
Sin embargo, hoy ante la presencia inevitable de nuevos actores de poder; el desaseo en la relación con su partido, el PAN; la existencia de presuntos acuerdos debajo de la mesa para favorecer a Enrique Peña Nieto; el supuesto apoyo hacia Josefina Vázquez Mota para garantizar el respaldo presidencial; y los frentes abiertos en diversos sectores poblanos prenden los focos rojos.
Después de los festejos del 5 de Mayo bien vale esta reflexión.
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