Institucionalidad con el presidente Calderón

Por: Valentín Varillas
Con acciones concretas, desde hace un par de semanas, el gobernador Rafael Moreno Valle ha definido ya el papel que jugará en el proceso electoral presidencial de julio próximo.
Cuando más dudas existían sobre a quién podría favorecer la operación electoral y el capital político del mandatario poblano, ha quedado claro que más allá de posibles acuerdos y negociaciones, al final se impuso la complicadísima tarea de cerrar filas en torno a los intereses políticos del presidente Felipe Calderón.
Tal parece que en Casa Puebla han hecho un análisis frío de los distintos escenarios potenciales que pudieran darse a partir del resultado de la elección y han concluido que el de mayor rentabilidad, o el de menor costo, es el de la institucionalidad.
Tal vez la señal última, la más clara, la contundente, la que motivó la decisión final, se dio durante la visita a Puebla de Enrique Peña Nieto para reunirse con los priistas del estado.
En lo más alto del poder político local no cayó nada bien no sólo la presencia del ex gobernador Marín, sino el trato deferencial que el dio el inminente abanderado tricolor.
Lo interpretaron como una afrenta y como la comprobación de la imposibilidad de llegar a acuerdos con quien ocupa el primer lugar en todas las encuestas que miden a los presidenciables.
En este contexto no resulta coincidencia la posterior ruptura de la alianza priista con Elba Esther Gordillo y su PANAL y la sospechosa rapidez con la que aceleraron los procesos legales iniciados por las actuales autoridades en contra de funcionarios de la administración de Mario Marín.
Fuentes del CEN del PAN confirmaron a quien esto escribe no sólo la influencia que ejerció Moreno Valle con Gordillo Morales para que decidiera retirarse de la coalición formada con el PRI, sino su intermediación para acercar a “la Maestra” con el ex Secretario de Hacienda y precandidato panista a la presidencia, Ernesto Cordero.
Lo anterior explica el enojo de los operadores al servicio de Josefina Vázquez Mota, quienes en estos días han radicalizado su discurso en contra del gobierno estatal, acusando a funcionarios de romper las condiciones de legalidad e imparcialidad de la contienda al utilizar recursos e infraestructura públicas a favor de Cordero.
No es difícil concluir que la decisión final de Moreno Valle de no romper con el presidente está salpicada de futurismo político y debe verse bajo la lógica de su proyecto personal.
El gobernador, al ser institucional, garantiza los apoyos federales necesarios para llevar a buen puerto las obras y actividades enmarcadas en los festejos por los 150 años de la Batalla de Puebla, los cuales prometen ser lo suficientemente fastuosos como para obtener de ellos un importante beneficio en términos de imagen.
El propio presidente los etiquetó como parte de los proyectos prioritarios a realizarse en la recta final de su administración, por lo que su difusión masiva en medios electrónicos a nivel nacional y en el extranjero está garantizada.
Además, en el no poco probable escenario de que Ernesto Cordero pierda la interna, o bien la presidencial, el gobernador ha operado internamente de tal manera que ocupa el liderazgo tácito del llamado neopanismo y lo coloca en el escenario de poder encabezar un proceso de refundación al interior de Acción Nacional, basado en sus nuevos liderazgos y que pudiera perfilarlo como contendiente natural del blanquiazul para la presidenciable del 2018.
En la siempre caprichosa e impredecible política, por este escenario se decidió.
A ver si le sale.
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