Marín-Elba Esther? otras circunstancias
La de hace unos días no fue la primera visita de Mario Marín a Elba Esther Gordillo en su casa de La Joya.
En el 2005, año en el que PRI se planteaba la posibilidad de recuperar la presidencia de la República en la elección federal del 2006, el gobernador de Puebla acudió a dos reuniones con La Maestra, en donde se llegaron a conclusiones que incidieron directamente en el desempeño electoral del tricolor.
A pesar de que Elba Esther mostró siempre un rechazo abierto a la inminente candidatura presidencial de Roberto Madrazo, como Secretaria General del CEN del PRI aspiraba a quedarse con la presidencia nacional del partido.
El 10 de julio de ese año se acordó crear una comisión integrada por Natividad González Parás, Mario Marín Torres, Genaro Borrego y Silverio Cavazos, que viajó a San Diego, California, para entrevistarse con la profesora y expresarle que no había condiciones para que asumiera el liderazgo del partido.
Los mandatarios apelaron a la necesidad de que existiera congruencia entre el perfil del candidato presidencial y quien fuera el líder nacional priista, destacando que la mortal rivalidad entre ella y Roberto Madrazo podría ser un obstáculo insalvable al momento de operar la estrategia electoral a favor del tabasqueño.
La maestra escuchó argumentos, analizó la coyuntura de su partido de cara a la elección y aparentó ante los gobernadores que asumía la decisión con madurez e institucionalidad.
Nada más ajeno a la realidad.
Ante el fracaso en las negociaciones con sus ?compañeros de partido?, Elba Esther aceleró el proceso de acercamiento con las fuerzas opositoras al PRI y juró que Madrazo jamás sería presidente del país.
La segunda reunión entre Marín y Elba Esther tuvo lugar pocos meses después, en noviembre, con los mismos interlocutores y en un momento en el que era un secreto a voces que Gordillo operaría la contracampaña a Madrazo.
Pretextando un viaje de dos días a Los Ángeles California con el supuesto objetivo de reforzar los lazos del gobierno poblano con migrantes de la zona y conocer las necesidades primordiales de los poblanos que viven en la Unión Americana, Marín se desvió a San Diego para pedirle, más bien rogarle a La Maestra que, por lo menos mediáticamente, intentara reforzar la imagen de unidad que pretendía mostrar el PRI previo a la presidencial.
Ante las constantes amenazas de Elba Esther de abandonar oficialmente el PRI, los mandatarios tricolores, en ese tiempo los de mayor autoridad y capacidad de interlocución con los distintos grupos al interior, buscaban garantizar que el magisterio y su partido, el PANAL, operaran electoralmente a favor de Roberto Madrazo.
La comitiva fracasó rotundamente.
El odio de Gordillo fue más que su institucionalidad y Elba Esther terminó por darle a Calderón los votos necesarios para convertirse en presidente del país.
Hoy, Marín y Elba Esther viven circunstancias muy distintas.
Uno experimenta las amargas consecuencias del inminente abandono del poder y de la incapacidad de perpetuarse a través de su delfín.
La otra, sigue demostrando en los hechos que su bendición o su veto, siguen determinando el futuro político del país.























