El último jalón de Osorio Chong

Por Valentín Varillas

 

En las semanas previas a que el dedazo presidencial se decantara a favor de José Antonio Meade, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, jugó su última carta antes de rendirse definitivamente en la lucha por la candidatura tricolor.

Siguiendo al pie de la letra la estrategia que ensayó desde su legada a la jefatura del gabinete, el hidalguense optó por la desestabilización y los golpes bajos al interior del equipo de Peña como vía de supervivencia en la lista de posibles nominados.

Como nunca a lo largo del sexenio, la rispidez se dejó sentir entre los miembros de la “élite de notables” que llevan las riendas del país.

Ésta, se hizo evidente a través de las más diversas manifestaciones.

A la oficina presidencial llegaron encuestas y más encuestas en donde se mostraba que, de acuerdo con los criterios de rentabilidad electoral, Osorio Chong era el mejor posicionado y por lo tanto, el que supuestamente maximizaría el potencial del votos del partido en el poder.

Curiosamente, esos mismos ejercicios estadísticos no mostraban que era precisamente el titular de gobernación el que mayor número de negativos arrojaba dentro de los posibles precandidatos y que en los aspectos específicos que tenían que ver con el desempeño de su responsabilidad pública, la enorme mayoría de los mexicanos consideraban a este gobierno como reprobado.

De forma paralela y con la precisión de un relojero suizo, los poderes de facto que operan a lo largo y ancho del territorio nacional se destaparon con una violencia atípica, entregándose gustosos a una orgía de sangre que tuvo como saldo final el que octubre se convirtiera en el mes más violento de los últimos veinte años.

Raro, muy raro.

Las patadas por debajo de la mesa no cayeron nada bien en el ánimo presidencial.

A pesar de venderse como  arquetipo del mal llamado “nuevo PRI”, los cachorros de la revolución siguen considerando al ritual del tapado como una facultad única e intransferible de quien en ese momento ocupa la silla del águila.

No hay de otra.

Bajo esta lógica y a través de distintos interlocutores, desde al despacho principal de Palacio Nacional salieron los urgentes y necesarios llamados a la calma.

Esos que tuvieron acuse de recibo, pero que no fueron acatados en su totalidad.

Una medida más radical había que implementar.

Fue entonces cuando apareció publicado en el periódico Reforma un demoledor y contundente reportaje, que exponía las ligas de Osorio Chong con empresas constructoras que se habían beneficiado con contratos por más de 2 mil 500 millones de pesos en la actual administración federal.

Sólo un filtrador de altísimo nivel, conocedor de semejantes amarres y con acceso a información clasificada como ultra-confidencial, pudo ser capaz de proveer la materia prima para la realización de semejante pieza periodística.

Saque conclusiones.

Después de esto, las aguas se calmaron y cada quien, por fin, se decidió a asumir el papel que le corresponde en esta coyuntura electoral, fundamental para la supervivencia política y la libertad de quienes hoy gobiernan.

Venderse como un candidato competitivo en la arena electoral y como alguien capaz de tomar las medidas necesarias para meter en cintura a los grupos que desestabilizan la tranquilidad nacional, no parecería una mala jugada si el grupo en el poder viviera una circunstancia distinta.

Sin embargo, con un rechazo a la gestión presidencial cercano al 80% y con una marca de partido terriblemente desprestigiada, las fichas que traía Osorio Chong no le alcanzaron para ganar la partida.

En este contexto, pesó más la necesidad de optar por un perfil en teoría más ciudadano, menos político, no tan relacionado con la imagen y el grupo de Peña, que ya colaboró directamente con otras fuerzas políticas y que por lo tanto, sea capaz de sumar una mayor capacidad de operación electoral en aras de evitar a toda costa el triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Los morenovallistas, sobra decirlo, estarán en primerísimo lugar.

Ellos tienen ya motivos para llevar a cabo su primer festejo rumbo al 2018.

 

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