El capricho de Armenta

Por Valentín Varillas

 

Una sola condición puso Alejandro Armenta a la cúpula de Morena, para que en Puebla cesen la división, el encono, la fractura y los despiadados ataques de distintos grupos en contra del virtual candidato a la gubernatura, Luis Miguel Barbosa: ser él y no otro, el coordinador de la campaña que buscará sacar al morenovallismo de Casa Puebla.

Así como lo lee.

El marinista quiere llevar mano en el diseño y operación de la estrategia de obtención de votos y en el manejo de los recursos con los que pretenden ganar el gobierno estatal.

El eje central de su autopromoción se basa en vender que ya sabe lo que significa derrotar al ex gobernador Moreno Valle en un proceso electoral.

Que su victoria en la federal del 2015 fue titánica ya que pudo vencer a Mario Rincón, uno de los consentidos del actual grupo en el poder, quien además tenia a su favor los beneficios que supone la ayuda oficial –política y económica- a su campaña.

En la óptica de Armenta, el éxito obtenido en el microcosmos de su distrito puede replicarse a nivel estatal si en Morena son lo suficientemente inteligentes como para nombrarlo a él como cabeza de este esfuerzo.

Hasta ahí muy bien.

Lo que no le dice Armenta a su nuevos aliados políticos, es que si bien su reciente desempeño como candidato puede considerarse como bueno, tomando como base la frialdad de los números, aplicando la misma lógica se debe concluir que como coordinador de campañas es un absoluto desastre.

Ahí está el paupérrimo número de votos que obtuvo en el 2016 Blanca Alcalá, cuya campaña fue responsabilidad del hoy moreno.

Con él al frente, la priista no solo perdió la elección, sino que el nivel del voto tricolor en Puebla pasó de más de 883 mil en el 2010, a menos de 597 mil en el 2016.

Una auténtica catástrofe.

Casi 300 mil votos menos en un período de seis años, en donde la lógica más elemental supondría que, en el peor escenario, el partido hubiera sido capaz de mantener al menos en niveles similares su capital electoral.

No fue así.

Los yerros operativos y estratégicos, además de los dislates protagónicos del coordinador fueron la constante y explican en buena parte la catástrofe priista.

Un ridículo monumental que, hasta la fecha, en la vida interna del tricolor se sigue poniendo como ejemplo de lo que NO se debe de hacer en política si se pretende ganar un proceso electoral.

Con estos antecedentes busca Armenta coordinar la campaña de Barbosa, prometiendo que así y solo así, dejará de ser el factor principal de división en un partido que necesita antes que nada de la unidad, si pretende hacer historia en la política poblana.

¿Cómo responderá el siempre impredecible AMLO, ante semejante mensaje siciliano?

¿Se saldrá el ex priista con la suya o ayudará a que más demonios se suelten al interior de Morena?

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