Lalo: de villano, al más buscado

Por Valentín Varillas

 

Dos operadores de altísimo nivel al interior del grupo político del ex – gobernador Rafael Moreno Valle, realizaron hace unos días –cada uno por su lado- una serie de tímidos pero muy concretos intentos de acercamiento con Eduardo Rivera Pérez, panista perseguido por el Congreso local por supuestas irregularidades cometidas durante su paso por la presidencia municipal de Puebla.

El tema fue tocado tangencialmente por la Secretaria General del PAN y virtual candidata a la gubernatura de Puebla, Martha Erika Alonso Hidalgo, cuyas declaraciones tuvieron repercusión en medios locales.

Si bien, oficialmente se manejó que la medida obedecía a una estrategia que pretende lograr la unidad entre grupos al interior del PAN y cerrar filas de cara a la coyuntura electoral del próximo año, lo cierto es que, los mensajeros enviados a Rivera, manejaron entre líneas la posibilidad de hacerle una oferta concreta para competir por la presidencia municipal de la capital, otra vez.

La estrategia parece a simple vista sumamente extraña, en el contexto del enfrentamiento que prevalece entre los llamados “panistas tradicionales” y quienes han sido etiquetados como “neopanistas” por no haberse formado políticamente en las filas de la derecha nacional.

Sin embargo, bajo la óptica del más absoluto pragmatismo –amo y señor de la política actual- de concretarse el amarre habría importantes beneficios para los involucrados y sus aliados electorales.

De entrada, el morenovallismo no tiene, ni de chiste, un perfil que cumpla con los requisitos de rentabilidad electoral de la manera en los que los cumple Rivera Pérez para arrasar en la capital y sumar así la mayor cantidad de votos posibles a la candidatura de Martha Erika.

De esta forma, se garantizaría que el panismo duro se sume con todo al proyecto, aporte su capacidad de operación y obtención de votos de aquellos militantes y simpatizantes que se dicen excluidos del reparto de posiciones y de quienes no se sienten representados ideológicamente con el grupo que en el 2010 tomó por asalto al partido.

Maximizar el potencial de votos, sería la consigna.

La medida, busca también vestir con el traje de la congruencia el discurso de unidad y apertura que ensaya el Moreno Valle precandidato a la presidencia, el que por cierto jamás puso en práctica mientras gobernó el estado.

Liderazgos como el de Margarita Zavala y del propio Ricardo Anaya no verían nada mal un amarre así.

También existe un beneficio potencial para el gobierno federal, aliado incondicional de Rafael en esta coyuntura electoral.

Más votos para el PAN en Puebla significaría menos votos para los candidatos de la izquierda -en la capital y el estado- y por lo mismo menos votos para Andrés Manuel López Obrador, en un estado que aporta casi la tercera parte del padrón nacional.

Lo extraño del caso es que los verdugos hagan el guiño de ofrecerle una candidatura a su supuesta víctima.

Los operadores del “caso Rivera” juran que les asiste la razón jurídica, que no hay consigna ni persecución política y que simplemente se han limitado a aplicar la ley.

De ser así, la oferta saldría sobrando por la inhabilitación que pesa sobre Rivera y que le impediría competir por un cargo de elección popular.

El simple acercamiento supone un reconocimiento implícito, no solo de la fragilidad legal del proceso, sino de la capacidad del grupo morenovallista de manipular el andamiaje institucional estatal en función de sus intereses.

A Lalo lo han buscado recientemente operadores de Morena, para sondear la posibilidad de competir por la alcaldía y del PANAL, para explorar una posible candidatura al gobierno del estado.

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