Buscando desesperadamente un Plan B

Por Valentín Varillas

 

La ruptura de Margarita Zavala con el PAN y la decisión de optar por la vía independiente para aspirar a la presidencia de la República, convirtió la lucha al interior del blanquiazul en un frente a frente entre Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, lo que aumenta de manera importante las posibilidades de que el poblano se convierta en el candidato del ya famoso Frente Ciudadano.

Paradójicamente, este escenario le complica la posibilidad de mantener el control político de Puebla, primerísimo y más importante objetivo en su presupuesto electoral para el 2018.

El amarre de la nominación presidencial eliminaría la posibilidad de que Martha Erika Alonso compitiera por la gubernatura del estado, poniendo al grupo en la urgente necesidad de impulsar otro perfil.

Y no lo hay.

Por lo menos no que cumpla con los criterios de rentabilidad electoral necesarios para amarrar la victoria y para honrar los compromisos que Rafael haga con otras fuerzas políticas.

El Moreno Valle candidato jugaría de acuerdo a los intereses electorales de Los Pinos, lo que supone hacer todo lo necesario para evitar a toda costa que Andrés Manuel López Obrador llegue a la presidencia de la República.

Lo anterior implica el maximizar la cantidad de votos del candidato morenovallista en Puebla e impedir que Morena obtenga la victoria en un estado que aporta una importante cantidad de votos al padrón nacional.

¿Quién si no es Martha Erika puede cumplir con este cometido?

Rafael buscará en la negociación quedarse con Puebla y por lo tanto llevar mano en el otorgamiento de candidaturas.

Imposible pensar que alguien ajeno a su circulo cercano vaya como candidato al gobierno del estado.

La decisión final quedaría en alguien de los suyos.

El problema que enfrentan es que ellos mismos jamás contemplaron la necesidad de hacer crecer a algún incondicional, porque pensaron que no hacía falta.

Reconocían implícitamente que las posibilidades reales de que su jefe político se convirtiera en candidato presidencial eran mínimas y no diseñaron una estrategia seria para trabajar paralelamente en algún potencial relevo de la esposa de Moreno Valle.

Ahora parece demasiado tarde.

En un grupo que se movía bajo la lógica de un estructura piramidal en donde quien está arriba decide todo, absolutamente todo y en donde nadie, ni por asomo, puede ni siquiera pretender brillar más que el sol, la baraja se reduce de forma dramática.

Poquísimos crecieron lo suficiente como para convertirse en rentables productos electorales.

Su carta más fuerte la jugaron en el 2016 con el hoy gobernador Tony Gali, para garantizar la continuidad del proyecto por un período menor a dos años.

Ahora, para amarrar otros seis más, dependen de la figura de Martha Erika y de que el sueño presidencial de su líder no se concrete.

Si no es ella la candidata, la rebelión en la granja será de antología.

Quienes se sientan con los tamaños de competir por la gubernatura, aunque no los tengan realmente, encabezarán la tradicional feria de deslealtades típica de coyunturas como esta.

La hoguera de las vanidades arderá de tal forma que terminará por calcinar lo que queda de la unidad del grupo, con secuelas potencialmente desastrosas para ellos.

Los maestros del análisis estratégico, los expertos en prospectiva, quienes han demostrado ir siempre un paso delante de sus adversarios políticos, no se plantearon ni siquiera la necesidad de construir un candidato alterno a la candidata oficial en caso de que, otra vez, los caprichosos e impredecibles astros de la política se alinearan a favor de su tlatoani.

Raro, muy raro.

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