La impredecible e incontrolable naturaleza

Por Valentín Varillas

 

En una de sus primeras entrevistas como gobernador del estado, Rafal Moreno Valle aseguró contundente que a la única cosa que le tenía miedo era a la naturaleza.

“No la puedo controlar”- respondió.

El novel panista adelantaba así el tipo de régimen que ensayaría.

Mantener a raya y a como diera lugar cualquier tipo de disidencia política, mediática, social, sindical o de algún otro tipo fue la estrategia de gobierno que llevó a la práctica hasta el último minuto de su sexenio.

Cuando en el horizonte de un político con una responsabilidad concreta en el servicio púbico aparece algún desastre natural, el costo es demoledor.

Por más rápida que pudiera ser la reacción oficial, ésta jamás estará a la altura de lo que la emergencia demanda.

Nunca.

El peor escenario posible.

Ayer, esta caprichosa naturaleza hizo de las suyas, otra vez.

Exactamente 32 años después del demoledor sismo que generó muerte y destrucción en la Ciudad de México y algunos otros estados del centro y sureste del país, nos repitió la dosis.

El movimiento de tierra revivió imágenes grabadas con sangre y lagrimas en el imaginario colectivo de quienes vivimos el terremoto del 85.

Otra vez, como entonces, vimos lo mejor y lo peor de nosotros.

Por un lado la impactante solidaridad de miles de personas que lo arriesgaron todo por salvar a quienes corrieron con peor suerte.

Las imágenes difundidas en medios y redes sociales son conmovedoras y alentadoras.

Ciudadanos organizados de manera ejemplar para llegar a donde los gobiernos no llegaban y hacer lo que las autoridades no podían.

Marinos y soldados también, como siempre, rifándosela por el país.

La cara más oscura de nuestra sociedad también se dejó ver en plena contingencia.

Asaltos a automovilistas varados por el tráfico, rapiña en edificios e inmuebles desalojados y ladrones que se hicieron pasar por inspectores o autoridades, para asaltar a quienes de por sí ya vivían las horas más oscuras, fueron reportados de inmediato por las víctimas.

La eterna esquizofrenia de la idiosincrasia mexicana.

La reconstrucción, otra vez, será larga y costosa.

El ojo público deberá estar especialmente atento para que la ayuda económica y material que se destine para este fin, llegue a su destino y cumpla con sus objetivos.

Por redes sociales circula ya la propuesta de que para el 2018, año electoral, se lleve a cabo una reingeniería presupuestal y que los partidos políticos no reciban dinero del erario federal por concepto de prerrogativas y que esos recursos se destinen. íntegramente a esta reconstrucción.

Una auténtica millonada que hoy podría ser gastada en lo verdaderamente importante.

Si esto fuera aceptado por quienes participarán en la contienda, seria un ejemplo claro de una madurez a la que nos faltan siglos por alcanzar.

Estamos a años luz de lograrlo.

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