Actuar y gobernar con ocurrencias nos perjudica

Por Abel Pérez Rojas

 

Las constantes ocurrencias pueden propiciar que se nos vaya la vida entre las manos”.

Abel Pérez Rojas

Actuar individual y colectivamente de acuerdo a ocurrencias es una forma común de perder nuestro tiempo, de agotarnos, de que la vida se nos escape y a veces, de perjudicar la existencia de otros, de muchos.

Las ocurrencias son ideas que vienen a nosotros repentinamente y de forma inesperada, a veces son chispazos que si maduran pueden propiciar el surgimiento de proyectos innovadores, pero cuando las ocurrencias son constantes y recurrentes, pueden ser un síntoma de situaciones que debemos prevenir y evitar.

Para ilustrar mejor lo que trato de compartirle traigo a colación un breve cuento sufí titulado: El zorro y su sombra.

He aquí el cuento:

Un zorro miró su sombra al amanecer y se dijo:

-Hoy me comeré un camello, -y pasó toda la mañana buscando camellos.

Para el mediodía volvió a mirar su sombra y se dijo:

-Creo que me comeré un ratón.

Igual que el zorro del cuento a veces nos despertamos con la ocurrencia de realizar algo que suena muy bien, que nos encantaría realizar inmediatamente, pero que francamente puede ser un disparate porque no hay ni las condiciones propicias, ni mucho menos se trata de algo alcanzable.

También puede ser que lo que viene a nuestra mente no sea ni un disparate y sí sea alcanzable, pero ¿realmente debemos hacerlo porque abona a nuestro proyecto de vida, o sólo lo vamos a hacer porque es un antojo?

Pensar si lo que vamos a hacer nos aleja o acerca con nuestros proyectos de vida puede ser un buen punto para tener los pies en algo firme.

Por supuesto no se trata de cerrarse a las ideas originales y novedosas, de lo que se trata es de no ir como la veleta movida por la impulsividad, la angustia, la necesidad y todo aquello que nos lleva a seguir lo que no está bien tamizado por la razón o la genuina intuición.

A pesar de que todo esto que le vengo compartiendo es muy evidente, lamentablemente es más común de lo que parece y peor aún, no sólo se circunscribe al actuar individual, sino a un comportamiento que a veces se vuelve forma de gobierno.

¿Cuántas veces hemos visto algún gobernante que porque vio algo novedoso en cierto viaje, cuando regresa a su municipio trata de llevarlo a cabo sólo porque en aquel lugar que lo vio está funcionando muy bien o porque tiene buena apariencia?

El premio nobel de la paz 1987 y expresidente de Costa Rica en dos periodos, Óscar Arias Sánchez, plasmó muy bien en la siguiente frase, lo pernicioso que significa gobernar por ocurrencia:

“No hay desarrollo ahí donde las políticas son improvisadas, donde reina la ocurrencia, o donde el miedo y la desidia llevan a repetir incansablemente las estrategias del pasado”.

¡Cuán certeras las palabras de Óscar Arias, pero que distantes se miran desde puntos de referencia donde impera la improvisación, la corrupción y el disparate!

Recapitulando, la inofensiva y hasta divertida ocurrencia, tanto en lo individual como en lo social, deben contenerse por la planeación, el sesudo escrutinio, por tamices dialógicos, por los marcos legales y judiciales, por la sociedad organizada, en otras palabras por los mecanismos de la razón, y además, a fin de no limitar la innovación y la creatividad, es necesario que también todo esto pase por la intuición entrenada y por filtros cualitativos.

¿Qué le parece?

 

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