Cambio o Maximato en 2018

Por Alejandro Mondragón

 

Enrique Cárdenas construyó su circunstancia en Puebla desde que asumió como suyo el tema financiero, durante la recta final del sexenio de Rafael Moreno Valle.

 

Dos personajes son cercanos: Manlio Fabio Beltrones, mediante su firma ARegional; y Aurelio Nuño, sí, el secretario de Educación Pública.

 

La coyuntura lo llevó hasta la oficina de Andrés Manuel López Obrador, motivado por el interés de crear una especie de ombudsman de la transparencia en entidades donde sus enemigos declarados las han transformado en feudos de poder.

 

Cárdenas suma. Nada ajeno a los think tanks de los foros académicos, donde predomina la visión antineoliberal del país. Los Ramírez de la O, Fernando Manzanilla y Alfonso Romo han hecho click con ONG´s antiopacidad, como el grupo de intelectuales donde figuran José Luis Caballero Ochoa, Edna Jaime Treviño, Sergio López Ayllón, Jacqueline Peschard y Pedro Salazar, con sus ramificaciones en otros núcleos vinculados al Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Quienes abrigan la causa de Cárdenas, incluyéndolo a él, tienen en común denominador: ser antipeñistas y no leen El Universal.

 

En Puebla, suma expresiones anti morenovallistas, como las áreas de pensamiento de la UPAEP y la Iberoamericana. En medios de comunicación, organismos empresariales y sociales.

 

En este terreno, ya le lleva ventaja a otros adversarios al Maximato, toda vez que su único propósito será exhibir los excesos y las miserias que dejó el sexenio morenovallista que busca su reedición con Martha Érika Alonso en el 2018.

 

Es el cambio, pues. Esa figura que nadie quiso asumir en elecciones recientes. Gozará de estructura y recursos para evitar caer en tentaciones, de esas que suele provocar el morenovallismo en personajes como Jorge Estefan, líder estatal del PRI.

 

Mucho por ganar tiene Enrique Cárdenas, a quien nadie le discute su formación académica, pero su pasado en el ejercicio de la administración ha estado plagado de irregularidades, desaciertos y opacidades.

 

Fue Rector de la UDLA en los tiempos del poder real en Puebla: Don Manuel Espinosa Yglesias. Hasta su muerte, todos los gobernadores se sometían a él. Su palabra era Ley.

 

Y ese cacique empresarial tuvo en la administración de la UDLA a Enrique Cárdenas, quien siempre le dijo sí, nunca entregó cuentas hasta que estalló el conflicto con los Jenkins, tras la muerte de Don Manuel.

 

Fue echado de la institución. Su equipo perseguido. Su sucesora Nora Lustig lo exhibió como corrupto, al grado de romper los equilibrios internos de la academia poblana. Cárdenas se impuso el exilio.

 

Se alejó de Puebla, pero siempre de la mano de las hijas de Espinosa Yglesias siguió construyendo en el debate de ideas, desde donde fue sacado para ahora enfundarlo en una candidatura que entusiasma en todos los niveles de Puebla.

 

Todavía le falta pasar el tamiz de Morena, donde queda claro que Andrés Manuel López Obrador dirá la última palabra, gracias a los oficios hechos por personajes nacionales, enemigos de Moreno Valle.

 

El cambio o el maximato, así de simple hay que entender la historia electoral que se avecina.

 

Nada se dará en automático. Tampoco construyamos una candidatura iluminada, tampoco redimirá a Puebla. Cárdenas es un simple mortal que presenta una opción de cambio ante una sociedad que ya se cansó de tanto mamador.

 

Los focos rojos sí están prendidos en la cancha del morenovallismo, porque pocos podrán defender la posición de la señora en un entorno de debate, en el que está en desventaja: no podrá defender por siempre los excesos de su marido en el poder.

 

Martha Érika pagará los platos rotos de Moreno Valle. El centro de la campaña es Rafael y lucrarán con la alianza del PRI, cuyo candidato Enrique Doger o Juan Carlos Lastiri, será una especie de esquirol de los intereses del ex gobernador de Puebla, hoy sumergido en el desprestigio huachicolero y de invasión de la intimidad de los poblanos.

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