Riestra-Giorgana: el encuentro

Por Valentín Varillas

El pasado 8 de agosto, en el restaurante Suntory de la Ciudad de México, se reunieron para comer Mario Riestra Piña, secretario general del Ayuntamiento de Puebla y Víctor Manuel Giorgana, diputado federal priista.

El motivo aparente de la reunión era celebrar el cumpleaños de Víctor Manuel, por lo menos con ese pretexto Riestra lo buscó y motivó el encuentro.

Es lógico pensar que en la comida se habló única y exclusivamente de política, faltaba más.

Lo que no se sabe es por qué o para qué el interés de Riestra de llegar a amarres con el legislador tricolor.

Y es que, el pretexto de la celebración del onomástico en los hechos resulta por demás pueril.

Porque no son cercanos, ni siquiera amigos, al contrario.

En corto, el joven “panista” se ha referido al diputado con los más despectivos adjetivos.

Lo considera, ni más ni menos, como un pútrido ejemplo de una clase política que le ha hecho mucho daño al país y que por un asunto de justicia elemental debería extinguirse de la faz de la tierra.

La misma a la que perteneció su padre, por cierto.

Hay más cuestiones extrañas alrededor del encuentro.

Giorgana suena en la baraja priista como un perfil viable para competir por la candidatura a la presidencia municipal de Puebla.

Es una posibilidad real.

Riestra, por su parte, sueña con llegar a la misma posición pero bajo las siglas del partido que representa a la derecha nacional.

Una auténtica quimera.

Dos personajes que en términos de política real están inmersos en un juego de suma cero en donde la ganancia de uno significa, invariablemente, la pérdida del otro.

No hay manera de que ganen los dos, a menos de que se hayan sentado para llegar a acuerdos.

En este contexto, normalmente, el que busca la reunión es el que necesita de los amarres.

Riestra siente que hoy, no tiene la menor posibilidad de alcanzar la tan anhelada nominación.

Que la decisión cupular apunta hacia el líder del congreso, Jorge Aguilar Chedraui y que no cuenta con el apoyo ni del ex gobernador Moreno Valle y mucho menos con el del mandatario actual, Tony Gali.

Tal vez por eso ha decidido dinamitar al morenovallismo desde adentro, ofreciéndose como topo al enemigo y tratar así de rescatar algo de lo que luce ya de antemano perdido.

Imposible saber ahora el nivel de lo pactado, si es que se alcanzó alguno.

Tampoco es tangible medir qué tanto de valor real tiene que ofrecerle el panista al proyecto político de Giorgana, si partimos de la base de que el único triunfo electoral que ha obtenido Riestra se lo debe a la estructura de operación del ex gobernador Moreno Valle y que ya está dispuesta a jugar a favor de otro perfil.

La lógica indica que la joya de la corona puede ser la entrega de información.

Sí, esa que se vuelve realmente valiosa en el contexto de la guerra electoral que se avecina para el 2018.

Esa que hoy resulta fundamental, en el contexto del destape de la cercana y cómplice relación que tenían, en el sexenio anterior, autoridades del más alto nivel con las bandas criminales dedicadas al robo de combustible.

Una auténtica lotería.

La medida de Riestra parece desesperada porque lleva el apestoso tufo de la traición y que es tan penada en un grupo político que vive y se mueve en la eterna psicosis de que todos, absolutamente todos, son traidores potenciales.

Es evidente que hay una motivación de rentabilidad política en una acción como esta.

También el detonante del gen priista que tan arraigado se encuentra en el ADN del joven Mario.

Una desafortunada y muy peligrosa combinación.

Letal para su supervivencia política.

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