La sociedad al poder

Por Jesús Manuel Hernández

Volver a los pactos entre los sectores productivos del país, como se hacía 30 años antes, es una medicina cuya fecha de caducidad ha expirado.

Al presidente Peña Nieto siguen sin darle resultado las estrategias necesarias para conducir al país, un asunto que no sólo le compromete en su calidad de gobernante, le abre las puertas a todos aquellos que tienen una estructura, una estrategia, un plan, para la toma del poder en el corto plazo.

Querer darle el mismo tratamiento a un escenario que en nada se parece al de tres décadas atrás, es reducir el conocimiento que se tiene de las causas del problema, a que la clase política vive en un país de ilusión, de fantasía, donde el día a día no les ha llegado; tiene un parecido al discurso de la reina María Antonieta, esposa de Luis XVI de Francia al inicio de la Revolución Francesa, cuando se alzaron los habitantes de París por hambre. La reina preguntó qué querían, y alguien le dijo “pan, majestad”, por qué no se los dan, habría dicho ella, porque no hay, le respondieron, a lo que María Antonieta dijo “pues que les den pasteles”.

El gabinete de Peña Nieto presentó ridículas medidas, aspirinas contra el cáncer para paliar los escenarios derivados del aumento de precios en combustibles, pero no anunció lo que el pueblo hubiera esperado, la reducción del gasto, el amarre del cinturón de los políticos, el freno al subsidio de los partidos que finalmente no defienden al pueblo, son cómplices del régimen, financiados con el dinero del pueblo.

Un escenario muy complicado vive México; visto desde fuera genera alarmas, pero también abre los ojos a una reflexión de que realmente, estamos tocando fondo y después de un viejo sistema, que se ha venido resistiendo a morir, al que le han mantenido en vida artificial, entubado, conectado a los aparatos generados por los partidos y lo que algún aspirante presidencial llama la “mafia en el poder”, pudiera aparecer la “primavera”, un concepto político aplicado ya por varios analistas nacionales y extranjeros.

El viejo sistema tiene que morir, y estamos viendo cómo sucede… Sólo queda la sociedad civil, ajena a la partidocracia como herramienta solvente.

O por lo menos así me lo parece.

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