La consentida del profesor (segunda parte)

-Mmmmmmmm, qué rico; le decía mientras movía la cadera para juguetear con su paquete. Me sentía ardiendo; Cógeme, Marco, cógeme ya. Entonces me subió al secreter y me abrió la blusa de un tirón, arrancándome varios botones; cómo me calentó eso. Enseguida me lamió y mordisqueó las tetas sin quitarme el bra, sólo lo hizo a un lado. Bajó lamiéndome el abdomen hasta la concha, hizo a un lado la panty y me la comió…-sí, papi, cómetela, es tuya…ay, qué rica lengua. Yo apretaba su cabeza contra mi panochita. Nunca me había sentido tan necesitada de verga.

-Mmmmmmmm…mmmmmmmmmmm…sigues tan sabrosa después de tantas cogidas…qué rica panochita, princesa. Mmmmmmmmm…mmmmmmmm.

-Ya métamela, profesor- Siempre nos calentó ese jueguito del profesor y la colegiala. Métamela, ¿si? Marco se puso de pie, me agarró del cabello, me acercó a él y me preguntó:

-¿Quiere que me la coja, señorita Hernández?; yo le abría el pantalón y sacaba su deliciosa verga y la masturbaba un poco para que se hinchara más.

-Sí, profe. Cójame. Quiero que me la meta; acomodé su verga en mi entrada, él hizo a un lado mi panty y de un empujón me la metió hasta adentro. Ay, qué rico. Así, así, dale duro; Marco me bombeaba y me agarraba de la cintura, jalándome hacia él.

-Apriete, señorita, como usted sabe.

-Sí, profe, como usted diga. Aaaaaaaaaaahhhhhhhhh.

-Me encanta por puta, señorita Hernández.

-Sí, soy su puta, profe; luego de unos momentos me cargó, me besó y se sentó en la cama. Me seguía cogiendo mientras me chupaba las tetas. Me incliné hacia atrás para que entrara mejor y me movía hacia atrás y hacia delante para ayudarle con el bombeo.

-Ya te extrañaba, Teresita.

-Méteme un dedo en el culo…

-Uy, ¿pues de qué me perdí en Cuba, eh? ¿te divertiste? ¿te la metieron rico?

-Sí, profe, muy rico. Me la metieron por todos lados. Moja tus dedos y métemelo en el culo…-me metió su dedo índice en la boca y se la mamé como si fuera su verga; lo sacó y me lo metió en el culo. Me hice hacia delante para que pudiera meterlo mejor y para que me chupara las tetas. Me bombeó otro rato y cuando estaba por acabar me dijo:

-¿Dónde los quieres, Tere?; mientras le mordía la oreja le dije:

-Por atrás…-entonces me jaló hacia la cama para que quedara de perrito, paré más el culo, él se hincó detrás de mí, me levantó la falda y mientras me hacía a un lado la panty y me penetraba, me decía:

-¿Te gusta que te la metan por detrás verdad? Eres bien caliente, Tere. Pronto probaré tu culito, también, debe ser bien apretado. -Me la metió de un tirón; en efecto me encanta que me la metan de perrito- Ah, qué rica, panochita. -aceleraba su bombeo; signo de que acabaría pronto.

En la cabecera de la cama había un espejo en el que nos veíamos; él con la cara cada vez más roja y mis tetas bamboleándose en cada arremetida. Otra cosa que me he dado cuenta que me gusta es ver cuando me cogen. -Ahí voy, ahí voy…

-Vente, mi amor, vente…ah-ah-ah…ayyyyyyyyy, sí -sentía su caliente lechita llenarme y cómo bombeaba su verga dentro de mí. Dámela, dámela toda-a-a-a-a-a. Marco me daba los últimos empujones.

-Qué rico cojes, siempre lo he dicho.

-¿Te sigue gustando?

-Siempre. -me recosté y en pocos minutos me quedé dormida. Ni cuenta me di cuando Marco salió del baño.

Tiempo después, no tengo idea de cuánto, entraron dos tipos al cuarto…y así debe haber comenzado todo…

-Y sí que está buena la nena, eh.

-Lo que se come el pinche Marco cada que quiere.

-Pues vamos a probarla, ¿no? Al fin y al cabo ya nos dio luz verde. Mira qué nalgas, suaves…y todavía huele a sexo.

-Y tiene una boca de mamadora y unas tetas…

-A ver, vamos a tocarle la panochita…-de repente sentí unas caricias en mis nalgas y cómo una mano se acercaba lentamente a mi concha. No sé cuánto pasó desde que me cogío Marco, pero seguía algo desorientada y bastante caliente, por lo que en cuanto me tocó la concha, esta comenzó a humedecerse.

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