La consentida del profesor

Mi novio se había ido a un viaje de negocios a Estados Unidos y aunque sólo se fue por una semana, una nunca sabe cuándo se va a sentir…necesitada.

Aquel sábado, estaba sola en casa viendo la tele poco después de comer, cuando me llamó Javier -mi novio- y luego de los saludos habituales, me empezó a decir que estaba viendo una película con unas escenas medio cachondas que lo estaban poniendo a mil. Entonces comenzó a decirme que le gustaría estar conmigo en ese momento, -¿Y qué me harías, eh? Le pregunté.

Ante su rico relato, yo -que estaba sólo en playera de tirantitos y mi panty- me puse el teléfono de diadema y comencé a acariciarme la conchita por encima de la panty negra que llevaba…cerré los ojos y me imaginaba cada palabra suya…mmmmmmmm, cómo me calentaba, siempre fue bueno para esas ricas llamadas masturbativas; y para cumplirlas.

Cuando subió mi temperatura, acaricié mis tetas y pellizcaba mis pezones para que se pusieran más duros y empecé a masturbarme por dentro de la panty. A los pocos minutos tuve mi orgasmo; fue delicioso. El problema es que me había quedado con ganas de una rica cogida real, no sólo una de fantasía. Curiosa y afortunadamente, unos momentos después recibí una llamada de un profesor que tuve en la universidad.

Cuando fui su alumna y después su asistente, fue que empezamos a ser amantes y aún lo somos eventualmente; y según supe varias alumnas y todas sus asistentes, lo han sido y/o lo son. A mí la verdad me daban un poco de celos, pero era guapo y con dinero, así que podía tener las que quisiera. En realidad sólo por eso era -y es- profesor, para conseguirse jóvenes amantes. Una de ellas -eso sí- después de mi, Bety, mi propia hermana.

Volviendo al relato, les comentaba que recibí la llamada de mi ex profesor -Marco- para invitarme a una reunión que tenía en su casa. Me dijo que no era nada formal, sólo una reunión con varios amigos y que mandaría al chofer por mí. Accedí y me arreglé para la ocasión; una faldita negra, liguero, una pequeña panty negra -también el bra- y una blusa blanca de botones. No, el bra no se transparentaba. Cuando íbamos hacia la casa de Marco, de vez en cuando cruzaba las piernas distraídamente, para calentar un poco al José Luis -el chofer-. Seguro se dio su buen taco de ojo…así yo también iría calentando motores. ¿Para qué me dejan picada?

Había unas veinte personas en la reunión y se notaba que ya llevaban al menos un par de horas tomando, pues más de uno que otro se veía muy relajado

o relajada. Marco me presentaba con algunas personas y enseguida me ofreció una copa, yo no tenía ganas de tomar, pero ante su insistencia le acepté una paloma.

Bailé con varias personas y todos los hombres se me arrimaban y me tocaban lo que podían so pretexto del baile; inclusive algunas mujeres que llegaron a bailar conmigo, lo hacían muy cachondamente. Algunas de las mujeres se veían demasiado desinhibidas y estaban fajando en la pista o en algunos sillones. Cuando bailé con Marco, se me pegaba en las nalgas y sentía como su paquete se endurecía o me agarraba las nalgas con bastante descaro y yo trataba de que fuera más discreto…

-No seas travieso…

-¿Quién te manda, Teresita?

-Muy quitados de la pena tus amigas, ¿no? -le dije, viendo a unas chavas que estaban en un sillón fajando con un muchacho.

-¿Qué? ¿Antojo?

-Aún no.

Estábamos en la barra platicando con un par de amigos de Marco, cuando de pronto me sentí particularmente mareada y cada vez más caliente, fue muy

extraño porque no había tomado mucho y la sensación fue repentina, no paulatina. Me sentí, más o menos como cuando fumas marihuana -he fumado pocas veces- como si no fuera yo, como si estuviera viendo una película. No dije nada y para disimular di un par de tragos más a mi bebida, sin embargo creo que se me notó porque Marco me dijo que por qué no me recostaba un rato.

-Sí, yo creo que sí.

-Ven, te llevo al cuarto de huéspedes. Con permiso. Ven, preciosa. Me agarró del brazo y me abrazó de la cintura y bajaba la mano lentamente para acariciarme las nalgas. El muy cabrón me subía la falda, pero no tenía fuerza o conciencia para impedírselo; Qué ricas nalguitas, mi amor. Yo sentía cómo me mojaba la panty y deseaba que me cogieran de inmediato, lo necesitaba. Entrando al cuarto -uno de los varios cuartos de huéspedes- cerró la puerta, me jaló hacia él y comenzó a besarme mientras me levantaba la falda hasta subirla hasta mi cintura, me agarraba las nalgas y me pegaba a su paquete, que ya estaba bastante duro… Continuará?

About The Author

Related posts

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *