Toda una dama (tercera parte)

No me dejó subir a mi auto, quiso que nos trasladáramos en su camión y para ayudarme a subir me empujó desde abajo metiendo su mano entre mis piernas con el pulgar incrustado en mi raja y los dedos restantes abiertos como un abanico conteniendo mi culo que ya en ese momento ardía de placer.

Cuando me senté sobre la butaca del acompañante mi cara era un fuego, y pensé por un momento al mirarme al espejo que estaba tan roja como mi consolador, evidentemente mis pensamientos no me abandonaban nunca, ni siquiera en los momentos cruciales en que estaba a punto de cambiar mi vida de manera fundamental.

Durante el corto viaje hasta un hotel me dijo su nombre y me pidió que no temiera, que él sabía como tratar a una dama pero no llegó a convencerme ya que mientras decía estas palabras no dejó de tocarme ni un centímetro de mi cuerpo por lo que le dije ? no he llegado hasta aquí para ser tratada como una dama, trátame como lo que crees que soy.

No te ofendas pero en realidad creo que eres una puta reprimida.

Ya te he dicho, trátame como lo que crees que soy.

Parece que la señora quiere guerra

Si, e igual que él, sin pedir permiso, me abalancé sobre su bragueta, bajé el cierre, saqué su polla y de un solo intento la metí completa en mi boca y simultáneamente comencé a chupar y a llorar.

Era una buena polla aunque no de las mejores que luego de ese día haya conocido, pero era una polla activa, bien erecta, caliente, mojada por flujos que evidenciaban que había vida en ella, vida y deseos. Al verme llorar el hombre se asustó y quiso consolarme a lo que le dije que no fuera tonto, que estaba emocionada, que él no se daba una idea de cuanto tiempo había esperado para que llegara ese momento.

Al entrar a la habitación le pedí, casi le supliqué, que me follara brutalmente, que no dejara agujero sin llenar, que me usara, que no le importara nada de mi, que solo me utilizara para su placer ya que su placer sería el mío.

Y así ocurrió, follamos toda la tarde y no me privé de nada, lamí su cuerpo completo especialmente sus axilas de las que emergía un fuerte olor a transpiración con sabor acido y salado, le lamí las bolas y el culo que no sé si se habría lavado, le arrastré mis tetas por todo el cuerpo, le dejé penetrarme vaginal y analmente las veces que quiso y me bebí todo su semen cada vez que eyaculó.

Finalmente nos bañamos, volví a subirme al camión con más vergüenza que antes pero satisfecha, me pidió que le regalara mis bragas, las quería como trofeo y se las di, me dejó al lado de mi auto mientras otros hombres iguales a él nos miraban, nos despedimos y regresé a mi hogar donde al llegar fingí sentirme descompuesta, fui varias veces al baño haciendo de cuenta que vomitaba, argumenté que algo del almuerzo me había caído mal, me acosté y me dormí. Mientras dormía sentí que mi marido me arropaba y a la mañana siguiente me trajo a la cama un té de manzanilla para que me sintiera mejor. El no sabía cuanto mejor me sentía.

Contrariamente a las sensaciones que padecí luego de mi primera paja de mi vida de casada, en esta oportunidad no me sentí en falta. No experimenté remordimientos, arrepentimientos, ni culpas, en cambio una sensación de felicidad y de intenso placer se adueñó de mí modificando drásticamente mi estado de ánimo y mi presencia que rejuveneció llenándose de vida y alegría, nuevos atributos que todos notaron menos mi marido.

Él creyó que mi felicidad se debía a sus progresos que cada vez eran más espectaculares, para estos tiempos ya era gerente de área con muchas posibilidades de llegar a gerente general, y siguió tratándome como de costumbre, sin sospechar nada acerca de mi nueva forma de vida, sin celarme ya que no le daba motivos y sin coartar mi libertad ya que en realidad no se daba cuenta de la manera en que yo empleaba mi tiempo.

Tardé una semana en regresar a la gasolinera de la primera vez y por suerte para mi volví a encontrar al mismo hombre con el mismo apetito. Otra vez monté al camión pero en esta oportunidad dejé mis ansiedades de lado y disfruté mucho más ya que a cada acción le dediqué más tiempo y mayor observación. Tomé su polla con ambas manos y la acaricié completa durante mucho tiempo en un acto de adoración consciente y la lamí responsablemente, como diría mi marido, sin dejar ningún milímetro de su piel sin ensalivar, pensando en lo que hacía, era totalmente consciente de mis acciones y disfrutaba plenamente de las nuevas sensaciones.

Me encantó descubrir el placer que me daba recibir el peso de su cuerpo sobre el mío y el trato varonil que le dedicaba a mi cuerpo imponiéndose sin temores, con decisión para lograr mi sumisión total. Me encantó que me pusiera a cuatro patas para follarme el culo hasta sentir sus bolas contra mis nalgas y me estremecí de placer al narrarle desde esta posición mis peores fantasías. Fue durante la sesión de este segundo día cuando le confesé que no quería una polla sino dos y le pedí a modo de ruego que trajera un amigo para la siguiente cita.

Fue increíble el gusto que experimenté por poder mostrarme tal cual era, confesando mis más bajos instintos sin preocuparme por la moral, la decencia y todas esas estupideces. También me encargué de dejar bien en claro que mi cuota de amor estaba muy bien cubierta, lo único que necesitaba era sexo y cuanto más fuerte y enérgico mejor. Por primera vez en mi vida me sentí libre y fue esa sensación de libertad la que llenó mis ansias permitiéndome disfrutar como nunca lo había hecho.

Otra vez regresé a casa como si nada, esta vez ni siquiera fingí nada, me di una ducha, me cubrí con una bata, bajé a la cocina y serví la cena para los niños y para mi marido, el cornudo inconsciente, que comió como un energúmeno sin darse cuenta de nada, retirándose apenas terminó a su sillón favorito en donde se quedó dormido como solía hacer. No mentiré si afirmo que el resto de esa semana la pasé ensartada con mis dos amores, el vibrador y el dilatador, cada uno en su orificio, fantaseando y esperando mi próximo encuentro con mi camionero y su amigo?

 

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