Diario de un consentidor

SEGUNDA PARTE

Como de costumbre, Carlos amenizó el viaje con mil anécdotas y bromas que todos contestábamos, descubrí que Elena era una chica muy agradable y simpática, su acento parecía mas de Granada que de Sevilla, cosa que me confirmó en un momento en que decayó la conversación a cuatro y comenzamos a hablar los dos, yo observaba lo que ocurría en los asientos delanteros, Carlos hablaba con Carmen en un tono que apenas era audible atrás y ella participaba en la conversación abiertamente, parecía relajada; Yo tenía una sensación extraña, mitad ahogo, mitad emoción, el primer paso se había dado de una manera natural, Carlos la había tomado como pareja y yo había ignorado sus miradas de auxilio, la había cedido; Esperaba que no estuviera molesta conmigo por ello, me hice el propósito de recuperarla al llegar a nuestro destino.

Cuando llegamos al restaurante, bajamos del auto y comenzamos a caminar hacia la entrada; Otra vez Carlos acaparó a Carmen tomándola de la cintura, me di cuenta de que Elena se quedaba de nuevo algo fuera de lugar y decidí acudir en su ayuda, caminamos emparejados, Carlos y Carmen delante y Elena y yo detrás; Viendo como la llevaba de la cintura sin que Carmen lo evitase comprendí que mi mujer seguía sin ver malicia en aquel gesto, para ella no tenía ninguna importancia pero yo sabía que Carlos lo interpretaba como un signo de la predisposición de Carmen; Con su mano casi en la cadera tenía que notar el balanceo que imprimía a su cuerpo al andar; la sensación de ahogo crecía en mi, por un momento temí perder el control de lo que estaba sucediendo y un sentimiento de urgencia, casi de vértigo se apoderó de mi, era algo parecido a un amago de ataque de pánico al que logré sobreponerme como pude.

Carlos habló con el maitre y nos acompañaron a una mesa muy bien situada al lado de un gran ventanal, De nuevo se apropiaba de Carmen, le ofreció asiento a su lado, ella me miró antes de sentarse y yo le dediqué una sonrisa, Carmen bajó los ojos y cuando los elevó de nuevo hacia mi me perdí en su intensidad, estaba lanzándome un mensaje: ‘me estas dejando sola’ o quizás ‘me estás entregando’, no se, lo cierto es que esa mirada me hizo volver a ser consciente del paso que estábamos dando. Sentía mi garganta atenazada por la emoción.

La cena transcurrió en medio de una conversación realmente agradable en la que todos participamos, la sensación de pérdida, de ser víctima de un robo que yo experimentaba se mezclaba con una intensa excitación; Carmen comenzó la velada algo reservada, poco habladora, fruto quizás de la tensión que acumulaba, pero a medida que avanzó la cena y tras un par de copas de un excelente vino blanco, noté como se distendía y volvía a ser ella misma. Hubo momentos en los que la conversación se dividió, Elena y yo comenzamos una breve charla sobre nuestras respectivas carreras profesionales aunque no dejaba de vigilar el otro lado de la mesa donde un Carlos seductor hablaba en voz baja con mi esposa, acercándose a ella mientras que Carmen le escuchaba y sonreía, enviándome de vez en cuando su mirada profunda, inquietante, una mirada que no acertaba a interpretar, ya no había tensión en ella, ahora se desenvolvía con naturalidad, aceptando los galanteos de Carlos y mirando de vez en cuando a mi pareja y a mi alternativamente.

Tras los postres y el café continuamos la charla sin prisas, el ambiente era agradable y todos estábamos inmersos en la conversación que no había decaído en toda la noche, hubo tiempo para que cada uno contara un poco de si mismo al resto, Carlos fue el inductor de esta manera de conocernos, primero lanzó el testigo a Elena, que nos contó algo de ella. Psicóloga como todos nosotros, se definió como divorciada con vocación de viuda, dando a entender una relación tempestuosa y mal terminada; compañera de trabajo de Carlos cinco años ya, amigos y la insinuación velada de algo mas entre ellos, algo que fue pero ya no era aunque se notaba el rescoldo aun vivo en Elena; Aficionada al cine europeo y al jazz, coincidía con nosotros en gustos y durante un momento hablamos los tres sobre nuestros músicos preferidos dejando a Carlos fuera.

Pero solo fue una pausa. Como un director de teatro Carlos manejaba el tempo y el orden de los intervinientes; Cuando Elena dio por terminada su presentación Carlos me miró e hizo un gesto con la mano dándome la palabra, comencé a hablar de mi y dije casi toda la verdad, me definí profesionalmente primero y personalmente después, dije que estaba casado con una mujer estupenda y evité mirar a Carmen en ese momento, Carlos me interrumpió con un comentario algo fuera de lugar – "está felizmente casado pero eligió a Carmen para venir a Sevilla, que curioso" – le miré molesto y me fije en la expresión de mi mujer, divertida viéndome en ese apuro.

"Son dos cosas diferentes, Carlos" – se dio cuenta de que me había molestado y evitó responderme.

A continuación Carlos cedió el turno a Carmen que también inició su historia por la parte profesional dejando para el final su parte más personal.

"Yo también estoy casada, no tengo niños por exceso de dedicación y quizás por falta de vocación… conozco a Mario desde la facultad, de hecho fue profesor mío… "– la vi dudar en ese momento – "… luego nos volvimos a reencontrar hace unos años y… bueno aquí estamos" – me miró a los ojos, ambos estábamos disfrutando de la situación, del equivoco, del engaño, la presencia de Elena había servido para dar confianza a Carmen que ya no se veía tan sola frente a un Carlos arrollador, decidido a ir a por todas con ella; Suponía erróneamente que Elena venía como pareja de Carlos cuando la realidad es que su papel era quitarme de en medio.

Durante toda la cena Carmen y yo nos habíamos estado vigilando el uno al otro, usando a nuestras parejas para jugar entre nosotros, si yo reía con Elena, Carmen me devolvía un coqueteo con Carlos y si era yo quien la descubría posando su mirada mas sensual en Carlos entonces le devolvía un flirteo con Elena; Nos entendíamos perfectamente con la mirada. Sabía que Carmen estaba excitada y confiada, había bebido más de lo que acostumbra y empezaba a pensar que Carlos la estaba haciendo beber a propósito.

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