El fascismo criollo del edil texcocano

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TESTIMONIALESDirigente del Movimiento Antorchista Nacional

Lleva varias semanas la guerra mediática que, desde el despacho del presidente municipal de Texcoco, Estado de México, y desde las oficinas del diputado perredista por ese distrito, el famoso licenciado Higinio Martínez (famoso por su súbito enriquecimiento a partir de su ingreso en la política), se dirige en contra del Movimiento Antorchista Nacional y, en particular, en contra de la líder regional, la arquitecta Gloria Brito Nájera. Son ataques feroces, sangrientos diría yo, en los que no se ahorran injurias de baja factura, imputaciones gratuitas y "delitos graves" nunca demostrados, con base en los cuales se exige la represión violenta del movimiento y cárcel para Gloria Brito Nájera. Pero lo verdaderamente sorprendente es la causa, o el motivo aparente, del griterío histérico que han armado el edil y el diputado. Se trata de que un grupo de más de 350 familias texcocanas de muy bajos ingresos (y debo subrayar que se trata de texcocanos y no de "gente acarreada de otros municipios", como afirma la campaña insidiosa, aunque no hay que olvidar que, aún en el caso de que no lo fueran, tienen todo el derecho, como cualquier mexicano, a elegir libremente dónde desean vivir), que carecen de vivienda propia y que, por ello, se han unido para adquirir un terreno del tamaño de su necesidad. Y es precisamente esto, aunque usted no lo crea, lo que ha puesto fuera de sí a los dos alegres compadres.
El ataque marcha por dos vías. La primera, como ya dije, consiste en injuriar, calumniar y criminalizar a Gloria Brito y a su organización, llamándolas "vividoras" que lucran con la necesidad de la gente; falsos redentores que van tras un suculento negocio de muchos miles de pesos; estafadores que venden caro lo que compraron barato, y, en fin, gente "revoltosa" que sólo busca "desestabilizar" a los gobiernos legítimos (como el de Texcoco). Todo esto cae por su propio peso cuando se sabe que los interesados se reúnen puntualmente, semana a semana, para discutir cada detalle de la operación: el valor total de la compra, el reparto de los lotes, el costo de cada uno, el monto del abono mensual y la forma de pagarlo para evitar un fraude colectivo. No hay, pues, manera de engañarlos ni de hacer negocio con ellos, y esto lo sabe perfectamente bien el edil texcocano y el diputado que le hace eco. La segunda vía consiste en divulgar que el predio no es lotificable por varias "razones": que es de uso agrícola y no puede urbanizarse; que carece de los servicios básicos (agua, drenaje, etc.) y que el ayuntamiento no tiene recursos para introducirlos y, abreviando, que el gobierno perredista no va a permitir más asentamientos en "su" municipio, porque no desea los males propios de toda gran aglomeración humana. También estos argumentos son falsos. Es cierto que el terreno es de uso agrícola; pero Constanzo de la Vega no dice que ya vendió para su lotificación todos los terrenos (de uso agrícola) que lo rodean, destacando, en primer lugar, un gigantesco centro comercial que colinda con el predio de los antorchistas. Entonces, ¿por qué unos sí pueden cambiar su uso y otros no? ¿Cómo se puede sostener que se combate la aglomeración urbana si, al mismo tiempo, se instala un centro comercial que lo primero que hará será acarrear muchas viviendas y vehículos en torno suyo? ¿Por qué sí se pudieron introducir servicios al centro comercial y no en un lote para los pobres? Y, finalmente, ¿a dónde van a ir los mexicanos sin vivienda si todos los municipios del país, siguiendo el ejemplo de Constanzo de la Vega, prohíben nuevos asentamientos en sus territorios? ¿Los enviará a la luna el Solón texcocano? La verdad es que todo se debe a dos razones muy distintas a las que se alegan públicamente. Primera, hay compromisos de por medio con las grandes constructoras para asegurarles el monopolio de la edificación de viviendas, a cambio de favores que sólo los interesados conocen; segunda, porque temen como a la peste al antorchismo, en el que ven una seria amenaza para su hegemonía política en Texcoco.
Quiero, para terminar, relatar el último episodio de la guerra contra los sin vivienda de Texcoco. El sábado 24 de los corrientes, convocada por el presidente municipal y el diputado Martínez, tuvo lugar una marcha "en contra del fraccionamiento ilegal de Antorcha" y, de paso, contra la "desestabilización" del gobierno perredista de Constanzo de la Vega. Desfilaron, según los más optimistas, no más de tres mil gentes, de las cuales sólo unas quinientas (contadas una por una) eran de Texcoco; la gran mayoría, aquí sí, eran acarreadas de otros municipios. Muchos medios coinciden en que, más que una prueba de fuerza, fue una demostración palpable del escaso apoyo que tiene la guerrita particular del alcalde de la Vega. Pero sí fue, y también en eso coinciden muchos, una exhibición obscena de recursos del erario municipal. El derroche comenzó con la campaña de difusión previa (pintas gigantescas, posters de más de dos metros de altura, volanteo casa por casa a través de los empleados municipales, etc.) y se continuó, ya en la marcha, con el empleo de vehículos oficiales para el acarreo, decenas de patrullas para vigilar al contingente y grande, abundante y abierto reparto de tortas, refrescos, regalos y despensas, previo pase de lista. Una orgía de soberbia y de abuso de poder. Lo más significativo, sin embargo, fue el contenido político del acto, reflejado en las principales consignas y en el contenido de los discursos: "¡Fuera de Texcoco Antorcha Campesina!"; "¡Cárcel para Gloria Brito, ladrona y fraccionadora clandestina!" ¡"Alto definitivo al antorchismo en el Estado de México!", y así por el estilo. ¿Sabe usted, amigo lector, cómo se llama esta "política"? ¿Sabe usted cuál es la matriz social, histórica y filosófica de todo esto? Se trata del mismo ideario que aplicaron Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, y se llama, por eso, nazismo o fascismo, aunque aquí se trate de un tiranuelo criollo de poco más o menos. Pero una dictadura, aunque pequeña, es siempre una dictadura.

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